México

¿Cuántos tipos de tamales existen en México?

Más que un platillo, el tamal es un mapa comestible de México: cada hoja, cada forma de envolverlo y cada relleno cuenta una historia distinta a pocos kilómetros de distancia.

POR: Iker Jáuregui

Pocos platillos condensan de forma tan clara como el tamal la relación entre cocina y cultura que existe en las cocinas mexicanas. La hoja de vegetal no sólo envuelve masa de maíz, sino también muchas particularidades regionales que van creando un mapa comestible del país. En esencia, el tamal es una técnica ancestral: maíz nixtamalizado transformado en masa, envuelto para protegerse del fuego y del agua y cocinado lentamente. Pero, su sencillez estructural es justo lo que ha permitido que exista en cientos de versiones a lo largo del país.

La historia del tamal en México se remonta a tiempos prehispánicos. Hay registros arqueológicos y crónicas que confirman su consumo entre pueblos como los mexicas, mayas, zapotecos y purépechas. Era un alimento portátil, ideal para viajes, rituales y ofrendas, y también tenía un profundo significado ceremonial: se preparaban tamales específicos para dioses, fiestas agrícolas y momentos clave del calendario. Con la llegada de los españoles, el tamal se transformó, integrando nuevos ingredientes, pero conservando su estructura esencial. Hoy, recorrer México a través de sus tamales es entender la diversidad regional del país.

Tamal oaxaqueño, Oaxaca

En Oaxaca, por ejemplo, el tamal oaxaqueño se distingue por envolverse en hoja de plátano y por su masa más suave y húmeda, teñida de rojo o negro gracias al mole. El relleno suele ser de pollo o cerdo, y su sabor es profundo, especiado y ceremonial.

Tamal de hoja de maíz, Centro

En el altiplano central, especialmente en la Ciudad de México y el Estado de México, predominan los tamales de hoja de maíz, más pequeños y esponjosos. Los hay verdes, rojos y dulces, estos últimos con pasas o color rosa, herencia de la repostería conventual.

Tamal de chipilín, Chiapas

Hacia el sureste, en Chiapas, aparece el tamal de chipilín, donde la masa se mezcla con esta hierba aromática local. Es un tamal sencillo, de sabor vegetal y fresco, que habla de una cocina íntimamente ligada al entorno.

Mucbipollo, Yucatán

En la península de Yucatán, el mucbipollo —o pib— es un tamal monumental que se prepara especialmente para el Hanal Pixán. Se hornea bajo tierra, se envuelve en hoja de plátano y se rellena con pollo y recado rojo, fusionando tradición maya y ritual funerario.

Corundas, Michoacán

En Michoacán, las corundas rompen con la forma convencional: triangulares, sin relleno y servidas con crema, queso y salsa, reflejan la cocina purépecha y su énfasis en el maíz como protagonista absoluto.

Zacahuiles, San Luis Potosí

Finalmente, en la costa del Golfo, los zacahuiles de la Huasteca son quizá los tamales más impresionantes: enormes, pensados para alimentar a comunidades enteras, con masa martajada y rellenos de carne y chiles secos.

 
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