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La ruta del mundo a través de la piedra

Al entender los materiales que nos rodean, es común comenzar a mirar los viajes de otra manera.

POR: Paulina Espinosa

Hay lugares que recordamos por lo que comimos, por una canción que escuchamos caminando o por la luz de una tarde. Y hay otros que se quedan en la memoria por algo mucho más anormal: sus materiales.

El mármol de un hotel en Italia, la piedra de una antigua plaza española, las fachadas de una ciudad mexicana o la madera que hace sentir cálido una cabaña entre montañas. Aunque rara vez les prestamos atención, los materiales también cuentan historias de viaje. Hablan de un paisaje, de una época y de la manera en que cada destino entiende la belleza.

Y ahí es donde entra Donato Stone, una firma mexicana dedicada a la selección, importación y comercialización de piedras naturales y acabados para proyectos de arquitectura y diseño. Su universo reúne distintas familias de materiales como mármoles, granitos, travertinos, cuarzos, canteras, calizas, ónix, pizarras, cuarcitas y terrazos, que hacen evidente algo que cualquier viajero sabe bien: no existe un solo lenguaje para hablar de belleza.

Pensar en las piedras que nos rodean también puede ser una forma de viajar. Hay materiales que recuerdan la sobriedad de la arquitectura europea, otros evocan paisajes minerales, tonos cálidos o superficies que parecen haber sido dibujadas por la propia naturaleza. Cada pieza tiene sus propias variaciones y texturas, por lo que incluso dentro de un mismo material no hay dos superficies exactamente iguales.

Esa parte es, quizá, la más interesante: la imperfección es parte de la historia y Donato lo sabe ya que trabaja precisamente con esa idea de poner en valor la piedra natural y convertirla en parte esencial de proyectos arquitectónicos y de diseño. 

Quizá por eso los materiales tienen tanto peso en la hotelería contemporánea. Un buen hotel no solo busca una cama cómoda o una vista espectacular; también intenta construir una atmósfera.

La piedra puede hacer que un espacio se sienta mediterráneo, tropical, o completamente contemporáneo. La madera puede cambiar la temperatura visual de una habitación. Una superficie puede hacer que un restaurante recuerde a una vieja trattoria italiana o que un lobby tenga la calma de la naturaleza.

En un mundo obsesionado con lo nuevo, los materiales naturales tienen otra conversación que contar: la del tiempo. Su atractivo no está únicamente en que se vean bien el día que se instalan, sino en la posibilidad de acompañar un espacio durante años.

Y quizá ahí está el vínculo más bonito con viajar. Porque viajar también consiste en eso: coleccionar cosas que permanecen. Y a veces creemos que para sentir que estamos viajando necesitamos un boleto de avión. Pero basta detenerse a mirar y de pronto, un espacio cotidiano puede convertirse en un pequeño recuerdo del mundo.

 
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