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Fernando O’Farrill y la foto que le dio la vuelta al mundo

Fernando capturó un instante natural único, que se hizo viral y le dio la vuelta al mundo. Esta es la historia detrás de la foto.

POR: Paulina Espinosa

Hay personas que no miden la vida en rutinas, sino en coordenadas. Fernando O’Farrill es una de ellas. Es de esos personajes que parecen estar siempre en movimiento, como si la quietud no fuera una opción, sino apenas una pausa entre una travesía y la siguiente.

Fernando es un fotógrafo y cinematógrafo mexicano cuya trayectoria se ha construido a partir de una relación casi intuitiva con la cámara. A los cinco años descubrió la fotografía y, lejos de quedarse como un interés pasajero, esta explotó. Cuando cumplió 15 años, ya trabajaba profesionalmente en distintos ámbitos, desde eventos sociales hasta vida salvaje, con una curiosidad que lo ha llevado a moverse entre lo documental y lo emocional. Su trabajo no se limita a tomar una fotografía, sino a contar una historia, crear una conexión y, en muchos casos, provocar conciencia.

Más allá de la producción visual, Fernando también ha llevado su experiencia al terreno educativo como conferencista y mentor, al compartir procesos, aprendizajes y una filosofía basada en dos pilares que repite constantemente: pasión y profesionalismo. Su trabajo, en conjunto, se entiende como una extensión de esa idea: una mezcla entre disciplina técnica y una sensibilidad muy presente hacia el entorno, con las que cada proyecto se convierte en una oportunidad para observar, interpretar y traducir el mundo a través de su lente.

Cuando llegó al llamado de 21 Travesías para tomarle el retrato que tienen a su izquierda, lo primero que recuerdo es haberlo visto hablando por teléfono, organizando su siguiente aventura. Sin demasiados detalles, me dijo que se iba a El Salvador. De forma casual, como si cambiar de país fuera equivalente a cambiar de planes el fin de semana. Supongo que así es la vida de alguien que recorre el mundo buscando historias y momentos únicos.

Subimos al elevador y mi pregunta fue inevitable, casi automática: “¿Cuál ha sido tu viaje favorito?”. No lo pensó ni un segundo: el Ártico. Es precisamente esa travesía la que hoy lo trajo hasta aquí. La que lo llevó a capturar una imagen que no sólo daría le la vuelta al mundo, sino que cambiaría su vida para siempre.

Todo ocurrió en Svalbard, un archipiélago situado en el océano Ártico que le pertenece a Noruega y es un territorio remoto, extremo, lleno de silencio y naturaleza. Eran alrededor de las seis de la tarde cuando el capitán le avisó a la tripulación: un oso polar había sido avistado. A lo lejos, a unos cinco o seis kilómetros, se encontraba una figura blanca sobre una placa de hielo. El oso, movido por una mezcla de instinto y curiosidad, comenzó a acercarse lentamente a la embarcación hasta que, de pronto, cambió de dirección y volvió hacia el borde del hielo.

Fue en ese momento cuando Fernando tomó una decisión que lo definiría todo. Voló su dron. Hay que entender el contexto: en 2019, las regulaciones en esa región no eran lo que son hoy. Actualmente, el uso de drones está prohibido en muchas zonas del Ártico por respeto al entorno y la fauna, pero en ese instante, en ese punto exacto del tiempo, la posibilidad existía. Y Fernando la tomó.

Primero tomó un video. En él, el oso entra al agua. Nada. Se aleja de la placa de hielo, adentrándose en un mar deshielado. La escena es preocupante. Porque no es sólo un animal moviéndose, sino un ecosistema entero desplazándose a causa del calentamiento global. El oso avanzaba rápidamente. Ahí entendió que no habría segundas oportunidades, y entonces pasó. Tomó la fotografía que más tarde le daría la vuelta al mundo y se llamaría Hope. Un nombre irónico porque lo que se ve en la fotografía no es esperanza, sino una realidad: la fragilidad de un hábitat que cambia más rápido de lo que sus habitantes son capaces de adaptarse a él.

La fotografía Hope alcanzó el reconocimiento internacional al obtener el primer lugar en el concurso global de fotografía de naturaleza organizado por The Nature Conservancy, entre más de 120,000 imágenes provenientes de más de 150 países.

Por eso elegimos esta travesía, porque hay viajes que te llevan a un lugar y otros que te ponen exactamente donde tienes que estar, en el segundo preciso en el que todo cambia. Esta fue una de ellas. Al final, Fernando no salió a buscar una imagen viral. Salió a explorar, a documentar, a conocer el mundo.

 
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