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Esta pirámide en el Tajín es el calendario solar de los totonacas

Y explica los 365 días del año…

POR: Paulina Espinosa

La pirámide de los Nichos, ubicada en la zona arqueológica de El Tajín, en el norte de Veracruz, es una de las construcciones más sofisticadas de Mesoamérica. Más allá de su impacto visual, esta pirámide es una manifestación clara del profundo conocimiento que las culturas prehispánicas tenían sobre el tiempo, los ciclos naturales y la relación entre el ser humano y el cosmos. Construida entre los siglos IX y XIII d.C., esta estructura se convirtió en el corazón simbólico y ceremonial de una ciudad que nació tras la caída de Teotihuacán y que dominó culturalmente la región del Golfo de México durante varios siglos.

Lo que hace única a esta pirámide es su diseño arquitectónico ya que cuenta con 365 nichos distribuidos de manera precisa en sus siete cuerpos escalonados, una cifra que coincide con los días del año solar. Esta característica ha llevado a investigadores a interpretarla como un calendario monumental, una especie de registro del paso del tiempo que permitía a los antiguos habitantes de El Tajín comprender y organizar los ciclos agrícolas, rituales y ceremoniales. Cada nicho no era solo un elemento decorativo, sino parte de un sistema simbólico donde la luz y la sombra jugaban un papel fundamental, marcando momentos específicos del año conforme el sol se desplazaba.

La pirámide se eleva más de 18 metros sobre una base casi cuadrada y originalmente estaba coronada por un templo que hoy ya no existe. Las grecas y elementos geométricos que acompañan la escalera principal refuerzan la idea de que este espacio estaba profundamente ligado a la cosmovisión totonaca, donde los fenómenos naturales como el trueno, la lluvia y el movimiento del sol tenían un significado sagrado.

Diversos estudios de arqueoastronomía señalan que la orientación de la pirámide de los Nichos permite observar efectos luminosos particulares durante fechas clave como los equinoccios y solsticios, lo que refuerza su posible función como observatorio ritual.  Los sacerdotes y líderes religiosos habrían utilizado esta estructura para definir calendarios ceremoniales, ciclos de siembra y cosecha, y momentos propicios para rituales colectivos.

El Tajín, cuyo nombre puede traducirse como “la ciudad del trueno”, fue un centro urbano altamente desarrollado, con una arquitectura compleja, varios juegos de pelota y una planificación que revela una sociedad organizada y profundamente conectada con su entorno. 

 
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