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Camila Jaber rompre récord de apnea nacional

En el silencio absoluto de un cenote, Camila Jaber volvió a hacer lo impensable: descender más allá de sus propios límites.

POR: Paulina Espinosa

El pasado 16 de abril, en Cenotillo, Yucatán, Camila Jaber rompió su propio récord nacional al alcanzar los 91 metros de profundidad durante la Xibalbá Freediving Competition. Un metro puede parecer poco en tierra firme, pero en el buceo libre representa una frontera mental y física diferente: más presión, menos margen de error, y una dependencia absoluta del control corporal.

A diferencia del océano, los cenotes presentan condiciones que exigen otra precisión. El agua dulce reduce la flotabilidad, lo que obliga al cuerpo a trabajar distinto desde el primer segundo de descenso. En ese entorno (parte del sistema del Gran Acuífero Maya) cada movimiento cuenta. Jaber lo entiende como pocos.

Su inmersión, de 2 minutos con 43 segundos, fue limpia. Bajó, tocó fondo y regresó a la superficie con la misma calma con la que inició. La validación oficial confirmó lo que ya era evidente: México tiene a la mujer que más profundo ha llegado en su historia.

Pero reducir este logro a una cifra sería quedarse corto. Para la apnesista mexicana, el descenso no es solo un reto deportivo, es una forma de narrativa. Su proyecto Yo Soy Cenote traduce cada récord en visibilidad para ecosistemas que rara vez protagonizan titulares. Los cenotes no son solo lugares turísticos, son accesos directos a un sistema hídrico vital y extremadamente vulnerable.

En los últimos años, la conversación alrededor del buceo libre ha cambiado. Lo que antes parecía un deporte de nicho hoy se posiciona como una práctica que combina alto rendimiento con conciencia ambiental. Y figuras como Camila están empujando esa conversación hacia otro lugar: uno donde la resistencia física importa tanto como la intención.

Lo que sigue para Camila Jaber no es solo otra competencia. Es la consolidación de una narrativa donde el cuerpo, la mente y el entorno están en constante diálogo. Porque en el fondo, su trabajo no se trata solo de llegar más lejos, sino de entender qué significa realmente habitar el agua.

 
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