¿Por qué comemos tamales el Día de la Candelaria?

En un país donde la comida cuenta historias, el tamal del Día de la Candelaria es un recordatorio de que las tradiciones no solo se celebran: también se saborean.

23 Jan 2026

Cada 2 de febrero en México la mesa se llena de vapor, hojas de maíz y aroma. Aunque en teoría se trata de una celebración religiosa, el Día de la Candelaria se ha convertido en una de las tradiciones gastronómicas más queridas del país. Pero, para entender por qué los tamales son los protagonistas absolutos de esta fecha, hay que mirar tanto a la historia católica como a las raíces prehispánicas que siguen latiendo en la cocina mexicana.

¿Qué celebra el Día de la Candelaria?

De acuerdo con la liturgia, la Candelaria conmemora la presentación de Jesús en el templo, cuarenta días después de su nacimiento. En México, tradicionalmente es una celebración que tiene lugar dentro de iglesias, pero también está profundamente ligada al Día de Reyes y la rosca. En teoría, quien encuentra un muñeco en su rebanada asume el compromiso de comprar tamales para el 2 de febrero. Así, la Candelaria se convierte en el cierre simbólico del ciclo navideño y en una excusa perfecta para compartir comida.

¿Por qué tamales?

La relación entre la Candelaria y los tamales va más allá de esta tradición relativamente reciente. El tamal es uno de los platillos más antiguos de Mesoamérica, elaborado a partir del maíz, ingrediente sagrado para culturas como la mexica y la maya. En la cosmovisión prehispánica, el maíz no era un alimento cualquiera, sino origen, vida y ofrenda. Antes de la llegada de los españoles, ya existían festividades dedicadas al ciclo agrícola en las que se preparaban tamales para agradecer y pedir buenas cosechas, especialmente en los meses cercanos al inicio de la siembra.

Con la evangelización, muchas de estas celebraciones prehispánicas se resignificaron y se superpusieron con el calendario católico. La Candelaria, que coincide con antiguos rituales agrícolas relacionados con la fertilidad de la tierra, encontró en el tamal un puente perfecto entre dos mundos. Comer tamales ese día es, en el fondo, una forma de continuidad cultural: una tradición que se adaptó sin desaparecer.

Hoy, la costumbre se vive de manera festiva y colectiva. Hay tamales verdes, rojos, de mole, rajas, dulce, o versiones regionales como los oaxaqueños envueltos en hoja de plátano, los uchepos michoacanos o los zacahuiles huastecos. Acompañados de atole o champurrado, los tamales en la Candelaria son menos una obligación y más un ritual de convivencia.

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