El Valle de Guadalupe ayer y hoy: un portafolio de fotos

La fotógrafa Melissa Lunar nos lleva por los viñedos y wine bars que define el paisaje del Valle.

20 Mar 2026
Los viñedos de la familia Pijoan forman parte de la historia fundacional de Valle de Guadalupe, con presencia en la región desde principios del siglo xx. Su trabajo se basa en una relación profunda y sostenida con la tierra. En Vinos Pijoan, el viñedo es el eje: producción pequeña, trabajo manual y una continuidad familiar que define su manera de hacer vino.

Los viñedos de la familia Pijoan forman parte de la historia fundacional de Valle de Guadalupe, con presencia en la región desde principios del siglo xx. Su trabajo se basa en una relación profunda y sostenida con la tierra. En Vinos Pijoan, el viñedo es el eje: producción pequeña, trabajo manual y una continuidad familiar que define su manera de hacer vino.

Si hay un destino en México íntimamente ligado al vino, es Valle de Guadalupe. Un territorio en constante transformación, moldeado por el clima, la tierra y las decisiones de quienes lo trabajan. A su tradición se han sumado nuevas generaciones de productores, arquitectos y proyectos que proponen otras formas de habitar y entender el vino. Conviven bodegas históricas con iniciativas jóvenes: algunas enfocadas en la mínima intervención, otras que exploran el diseño y la hospitalidad como parte esencial del recorrido. El resultado es un paisaje dinámico y diverso, que invita a mirar el valle desde ángulos distintos.

Bloodlust se aleja del bar tradicional con una arquitectura escultórica inspirada en la caída de una gota de vino, traducida en un volumen orgánico y casi surrealista dentro del paisaje del valle. Concebido a partir de la obra de Jaime Zuverza y construido con ferrocemento, el espacio articula domos y formas curvas que diluyen los límites entre interior y exterior, y lo acercan más a una instalación artística que a un wine bar convencional.

Este portafolio recorre ese cruce entre pasado y presente, con proyectos como Vinos Pijoan, donde la historia familiar y la continuidad del oficio marcan el ritmo del viñedo, y espacios como Bloodlust Wine Bar, un punto de encuentro que refleja la nueva cultura del vino en la región. Un recorrido visual que confirma que Valle de Guadalupe todavía es un destino al que vale la pena volver, no sólo para entender de dónde viene, sino para observar hacia dónde se está moviendo.

En Vinos Pijoan, los vinos buscan expresar el carácter del valle y de cada parcela a partir de procesos sobrios y sin artificios. Más que seguir tendencias, el proyecto representa una línea de tiempo constante dentro de Valle de Guadalupe, donde el vino es resultado de paciencia, conocimiento heredado y arraigo al lugar, con etiquetas como Árbol de Fuego, que sintetizan esa visión.

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