México

Los 23 winebars que dibujan la escena del vino en México

Sitios especializados en lo mejor del vino mexicano y las tendencias más innovadoras de la industria.

POR: Iker Jáuregui

Si el vino en México ha seguido alguna dirección determinada, mucho tiene que ver con la influencia y el estilo de los winebars. Desde hace varios años, en compañía de la subida de calidad en la producción nacional, en las grandes ciudades y principales destinos turísticos de México empezaron a proliferar estos lugares especializado en vino. Pero, con un ambiente relajado y cartas diferentes, casi experimentales, que se curan con etiquetas difíciles de encontrar, proyectos independientes y tomando en cuenta las tendencias más innovadoras de la industria.

Desde Mérida hasta Tijuana, estos 23 winebars han hecho una enorme labor por introducir vinos distintos en las mesas de México, dando a conocer lo más importante que se hace dentro del país y más allá de nuestras fronteras.

Agua de Mar

Mérida

Nada como un vino fresco para aplacar el calor de Mérida y desde que Agua de Mar abrió en 2020 se ha convertido en el lugar perfecto para encontrar las variedades más especializadas, con una carta formada completamente de vino natural, la primera de su tipo en la capital yucateca. El proyecto es joven, liderado por el chef Luis Rufino y la sommelier Valerie Magaña, con el que ambos han podido empatar una filosofía gastronómica enfocada en el producto. Mientras que la cocina honra la tradición de la península yucateca con los mejores ingredientes locales de la temporada, el maridaje ha introducido en Mérida la, hasta ahora, relativamente desconocida cultura de la enología natural. Desde luego, ha tomado su tiempo presentar esta forma de hacer vino a quienes no están acostumbrados. Para hacerlo, han nutrido su cava con algunas de las mejores opciones mexicanas, como Garambullo o Bichi, además de recomendaciones personalizadas y pop-ups especiales con alianzas clave para quienes buscan algo nuevo.

Amá Terraza

Oaxaca

Visitar esta terraza en el centro de la ciudad de Oaxaca es quizá una buena idea si lo tuyo son los vinos naturales. Su carta está dedicada a ellos: tintos, blancos y pét-nats, de diferentes regiones del país, con sospechosos comunes como Barrigones, de Querétaro; Cava Garambullo, de Guanajuato; Bichi, de Baja California, y Altos Norte, de Jalisco. Más que un espacio para “estudiar” los vinos (como se estudian los mezcales en algunos lugares de Oaxaca), la propuesta aquí es más para disfrutar, entre plantitas, toques de verdor y la calma oaxaqueña que hace que el tiempo vaya un poquito más despacio, así como platos francos, como unas aceitunas aliñadas (que se han vuelto un lugar común en las cartas), un taquito de encacahuatado o un sándwich de pollo frito.

Bloodlust Wine Bar

Valle de Guadalupe

Desde que esa construcción en forma de gota de vino llegó a Valle de Guadalupe, sabíamos que algo interesante sucedería dentro de ella, y así fue. Se llama Bloodlust, un wine bar inspirado en el imaginario del ilustrador Jaime Zuverza y la conceptualización de Alfonso y Yuri Muriedas, más la cocina de los chefs Alejandro Burgos y Miguel Gálvez. Fue en 2022 cuando abrió sus puertas con etiquetas de pequeños productores de los valles de San Vicente, Ojos Negros, La Grulla, Guadalupe y Tecate, como Puya Wine, Drosophila o Pijoan, además de un programa de vinos dirigido por Paulina Buenrostro, egresada de enología y gastronomía por la uabc, con más de 15 años de experiencia. Mediante pop-ups artísticos y actos culturales, Bloodlust ha sido un catalizador para el intercambio de conocimientos y experiencias en torno a la cultura independiente del vino regional. Ejemplo de ello es Sed Latente, un evento anual que resulta un intercambio entre viticultores independientes de Baja California y el sur de California (Sonoma, Santa Cruz y Mendocino). “Este proyecto viene de la comunidad para la comunidad y es increíble poder contar con etiquetas y con bodegas que van empezando o que tienen mucha historia, y que nuestros clientes quieren conocer y probar. Eso es lo importante, no dejar que ese interés se vaya, pues todos son hechos con mucha responsabilidad y amor”, nos comparten.

Brutal Vinata de Barrio

Ciudad de México

A pesar de que los anaqueles de Brutal están abarrotados de suelo a techo con una selección de más de 400 botellas, es muy probable que no reconozcas la mayoría. Entre Fran Riffo y Alex Langlois, cofundadores del proyecto, se han asegurado de que no sean los vinos usuales, que podrías probar en cualquier otro lugar. Sobre todo, no de los grandes productores, que ya cuentan con un robusto sistema de distribución. Brutal es un aparador de sorpresas que quizá de otra manera no llegarían a Ciudad de México. Fran y Alex han hecho una curaduría de perfiles diversos, para todos los gustos, traída tanto del propio territorio nacional como desde regiones vinícolas insospechadas. El común denominador es que son proyectos pequeños, al margen de la industrialización, dispuestos a experimentar. El único criterio de selección es que son vinos bien hechos. Aunque puede parecerlo, no se trata de una propuesta especializada. Por el contrario, en Brutal han intentado hacer que la experiencia de escoger un vino sea lo más democrática posible. No hace falta que seas un sommelier para encontrar algo que te guste. La mejor prueba es su barra, un espacio íntimo y divertido, escondido en la San Miguel Chapultepec, donde, además de comer bien, te pueden recomendar algo a tu medida y suelen acertar.

Gastón Wine Bar

Guadalajara y Madrid

Entre rolitas, comida y vino, así fluyen los días en Gastón Wine Bar; pasiones que comparten los tapatíos Osmar y Daniel Hueso, quienes junto con Sofía Martínez, la sommelier Eneida Fuentes y la bartender Eli Martínez fundaron el Grupo Vinos y Rolitas. Ahora con dos ubicaciones, una en la colonia Providencia de Guadalajara, que abrió en 2022, y otra más reciente en el barrio de Salamanca, en Madrid, Gastón es un bar enfocado en los vinos que pequeños productores puedan elaborar en cualquier parte del mundo. Su carta va rotando cada tres meses en copeo y botella, pero siempre conserva blancos, rosados, tintos, ligeros y no tan ligeros, naranjas, un poco de pét-nats y algo de burbujas, un gusto adquirido de Eneida, la encargada de la selección de las 70 a 120 etiquetas que tienen actualmente y que, en Jalisco, van con la cocina del chef Santiago Moro. “Cada vez abren más espacios de vino y eso nos da mucho gusto, y están llegando nuevos proveedores con vinos muy diferenciados. Es un mercado donde el consumidor conoce más y toma decisiones informadas, y explora etiquetas lejanas o tan cercanas como la jalisciense Altos Norte, con opciones en burbujas increíbles, por ejemplo”, señalan.

Glou Glou

Puerto Escondido

Apostar por el vino en un destino de playa quizá no sea lo más obvio. Los comensales pueden tener otras prioridades bajo el rayo del sol, la humedad y la brisa con sabor a sal. Por eso, la propuesta de Glou Glou es tan interesante: un wine bar dentro del hotel Casa TO, en plena Punta Zicatela, donde dominan las tiendas de surf y la cerveza fría. La historia de Glou Glou se remonta a Buenos Aires, donde Gabriela Moreno y Luis Pabón, quienes están detrás del proyecto, abrían las puertas de su casa para cocinarles a pequeños grupos en una atmósfera íntima y con un maridaje especial. Gabriela, sommelier de amplia trayectoria en la ciudad, se encargaba de que el vino se adaptara al menú inédito que Luis cocinaba y al ambiente que envolvía la cena. En Puerto Escondido, Oaxaca, no ha sido diferente. Gabriela ha creado una selección de vinos que le van bien a la playa y se antojan en el calor para “calmar la sed”. De hecho, están ordenados en el menú por intensidad: ligeros y espumosos, de pequeños productores de todo el mundo, como Kindeli, de Nueva Zelanda, o Matias Riccitelli, desde el valle de Uco argentino. Pero lo que más observa Gabriela desde la barra de Glou Glou es la fiebre por vinos mexicanos y selecciones “poco obvias, nada de casas grandes”. Los viajeros de fuera que llegan a Puerto Escondido quieren conocer esta nueva sensación internacional, por lo que siempre tienen al menos cuatro opciones de vino local con una diversa representación, desde la Baja hasta Querétaro y San Luis.

Hugo

Ciudad de México

Hugo llegó antes de que se desatara la ola de wine bars en Ciudad de México. Desde el inicio, su enfoque fue claro: vinos naturales bien seleccionados, acompañados de small bites a cargo de Michael Crespo. Ubicado en la Condesa, el espacio ha conseguido una clientela fiel, interesada genuinamente en el vino y en probar etiquetas fuera del radar habitual. La carta se nutre de botellas de pequeños productores de España, Italia, Francia, Alemania y Nueva Zelanda. Hay opciones tanto por botella como por copeo: burbujas, blancos, tintos y naranjas que invitan a explorar sin solemnidad pero con criterio. La selección traza un recorrido por regiones y estilos poco frecuentes en los wine bars tradicionales, donde conviven expresiones mediterráneas con vinos centroeuropeos menos vistos en la escena local. Y aunque el vino es el protagonista indiscutible, hay un guiño que no pasa desapercibido: su negroni merece, sin duda, una mención honorífica.

José Rosé

Mérida

Atrás, muy atrás, van quedando los días de beber sólo tintos corpulentos –probablemente han leído mucho al respecto en páginas previas–, sobre todo en destinos en los que el calor apremia, como Mérida, donde los blancos y rosados suelen ser mucho mejor opción. De ahí que proyectos como José Rosé resulten ideales para este contexto: un lugar dedicado a los tragos y a los matices, de tono, nariz y perfiles, de los rosados; de los que implican maceraciones más cortas a los sangrados de tinto que tienen mayor concentración; de los secos y minerales al estilo de la Provence francesa, o a los más corpulentos. Aquí, todo el pantone tiene cabida, la idea es justamente mostrar la versatilidad y los grados de complejidad de estos vinos.

La Mantequería, Charcutería, Fiambres y Vinos

Guadalajara y Cancún

Tanto la zona metropolitana de Guadalajara como Cancún tienen una embajada de La Mantequería, un espacio que reúne buena comida, conversación y, sobre todo, una selección de 388 etiquetas para que te lleves a casa o las disfrutes in situ. Inspirada en las abarroteras europeas donde venden insumos de calidad, “La Mante” abrió sus puertas en 2022, en la zona tapatía de Andares, como un proyecto ideado por un grupo de socios, entre ellos la sommelier Paola Guevara y Wero Cham. Tiempo después se extendieron hacia el sur de la ciudad y de México. Con una oferta de vinos no estática, mayormente de pequeños productores y regiones emergentes, más un winekeeper que resguarda vinos blancos, rosados, tintos y varias etiquetas premium, se ha convertido en un espacio que atrapa la curiosidad por la amplia y curada carta que han logrado. “Los buenos vinos siempre tendrán cabida en La Mante, y vemos actualmente un interés creciente por zonas emergentes del mundo y de México, como Grecia, Cataluña, el sur de Jalisco o San Luis Potosí”, nos comentan.

Lenez

Ciudad de México

Este nuevo wine bar en la Juárez invierte el orden de un proyecto culinario común y corriente. En lugar de que el perfil del vino sea una consecuencia de la propuesta gastronómica, en Lenez los platillos se empatan y se sugieren dependiendo de lo que se sirva en la copa. No es casualidad. Se trata de un proyecto ideado por el sommelier Wilton Romero, quien empezó su carrera en Quintonil. Ahora se ha enfocado en curar una selección especializada de cerca de 600 etiquetas de vinos internacionales que quizá no tengan presencia en los lugares más típicos de la ciudad. Podría parecer abrumador. Entre rosados del País Vasco o tintos de la región portuguesa de Bairrada, el equipo de Lenez se asegura de que, aunque probablemente no conozcas ni la mitad de esta selección, acabes escogiendo el vino que mejor vaya contigo.

Loup Bar

Ciudad de México

Loup es, sin duda, uno de los pioneros de la escena de wine bars en Ciudad de México. Con Joaquín Cardoso al frente de la cocina y Gaëtan Rousset a cargo de la selección de vinos, el proyecto ha construido una trayectoria sólida como punto de encuentro entre el vino y la gastronomía. Aquí se sirven vinos vivos, bien elegidos, en una carta que siempre invita a quedarse por una copa más. Con el paso del tiempo, Loup se ha convertido en una suerte de ritual –casi un templo– para quienes aman el vino natural. Su hamburguesa es ya un clásico y suele encontrar un gran compañero en alguno de los tintos disponibles por copeo. La industria lo sabe y lo respeta. Cocineros, sommeliers y productores se dan cita aquí con frecuencia, buscando lo mismo que cualquier buen comensal: un plato bien hecho y una copa que tenga algo que decir.

Marisma Wine Bar

Ensenada

La marisma de Ensenada, un ecosistema de humedales cercano a la costa, rico y diverso, fue la inspiración para nombrar al wine bar que abrieron Ricardo Cárdenas y el chef Francisco Gallegos en 2022. Este espacio en la conocida calle Riveroll, entre la 1 (Primera) y la 2 (Segunda), es un foro ensenadense por si quieres curiosear entre vinos nacionales e internacionales, convencionales o de pequeñas producciones, siempre por copeo. Al ser el puerto de Ensenada un destino turístico, buscan diariamente evidenciar lo que sucede en la enología, no sólo de los valles cercanos, sino desde Coahuila hasta Georgia. Hay etiquetas que presentan junto a una cocina multicultural, usando productos locales. “Observamos un gusto cada vez más marcado hacia los vinos frescos, jóvenes y sin tanta extracción, y muchas ganas de aprender de uvas nativas de países como Georgia o Armenia, por ejemplo –nos comparte Ricardo–. Igualmente llaman la atención los proyectos colaborativos: en nuestro caso tenemos vinos de la casa llamados Dos Autores y Quinta Aurora, que hacemos con el enólogo Erick Plata, de Vinos Plata, a quien recomendamos seguir el paso”.

Morris Wine Bar

Tijuana

Un secreto bien guardado de Tijuana que necesita revelarse es Morris Wine Bar, dentro del hotel boutique Lafayette, un edificio retro recuperado, justo en la vibrante Avenida Revolución, entre las calles 3 y 4. Aquí, sobre su barra aparecen más de 20 opciones de vino de baja intervención por copeo que, cuidadosamente, tomaron y aprobaron Miguel Mendoza y Abril Borunda, pareja de cocineros y amantes del vino que se aventuró a emprender hace dos años con este wine bar, pensando para darle a esta fronteriza ciudad un motivo más para visitarla. La carta, siempre cambiante, la dominan etiquetas que vienen de proyectos vinícolas de la zona de Ensenada y sus valles. Y si “son de amigos”, mejor, dice Miguel. Hay pét-nats, naranjas, rosados, blancos y varios tintos, que van de la mano con un menú muy monchoso. “Yo veo que el consumidor joven está cada vez más interesado en explorar a los productores chicos o que proponen algo diferente bien hecho, y eso hace que la cultura de vino sume consumidores. Por ello, creo interesante seguir los pasos de Óscar Mancillas, de Radicante; Jorge Uribe, de Drosophila, así como las propuestas de Gustavo Meillón y Silvana Pijoan, que van consolidando la experiencia de baja intervención en México”, destaca.

NATAS

Ciudad de México

Un pequeño refugio en la Condesa que se enciende por las noches y convoca a quienes disfrutan tomar vino y descubrir etiquetas de la manera más relajada posible. NATAS es íntimo, cercano y sin pretensiones. De pronto, el espacio se transforma con popups en los que la música o la cocina quedan en manos de amigos de David, su fundador, lo que refuerza ese espíritu de comunidad que define al lugar. La carta es breve, pero está editada con precisión. Siempre hay al menos cuatro opciones por copa –blanco, rosado, naranja y tinto–, todas provenientes de bodegas que trabajan con mínima intervención. Entre las etiquetas mexicanas que suelen aparecer están La Casa Vieja, Figura, Pijoan, Altos Norte, Radicante y Bichi, principalmente de Baja California y regiones cercanas. A ellas se suman productores franceses, como Bobinet, Olivier Cohen, Domaine Padié o Domaine Rivaton.

NIV

Ciudad de México

NIV es un wine bar que ha encontrado su sitio dentro de la escena vinícola contemporánea de la ciudad gracias a una curaduría clara y bien ejecutada. Abierto en 2023, el proyecto se enfoca en vinos de pequeños productores independientes, con especial atención a etiquetas de Francia, Italia, España, Austria, Alemania y México. Aquí aparecen vinos naranjas, pét-nats y clásicos europeos poco comunes, siempre elegidos por su expresión del terroir y su personalidad, más que por su reconocimiento comercial. Detrás del proyecto está Tanguy, quien ha sabido formar un equipo sólido y seleccionar personalmente muchas de las etiquetas que hoy se sirven en el lugar, trayéndolas a México con una visión muy específica. La carta cambia con frecuencia y funciona como una invitación constante a descubrirla. La propuesta se acompaña de un menú de cocina internacional, con platos pensados para compartir y acompañar tu copa.

Pinto Bar

Monterrey

Este wine bar de San Pedro es un ejemplo perfecto de la transformación por la que atraviesa la escena culinaria de Monterrey, cada vez más especializada, de mayor calidad y con muchas ganas de experimentar. Eso sí, siempre apegada a los valores básicos que hacen del Noreste uno de los mejores lugares para comer en México. Si alguien sabe de esto, es el chef Chuy Villarreal, conocido por proyectos como Orinoco y Cara de Vaca, apasionado del asador y de todo lo relacionado con la gastronomía regia. En Pinto, Chuy ha sabido mezclar esa cultura con la creciente escena del vino natural. Aunque aparentemente extraviado en un lugar que quizá prefiera el maridaje de la cerveza light por encima de cualquier otra cosa, el vino natural ha encontrado su “club oficial” en la ciudad. Recetas clásicas del norte del país, como flechas, chicharrón, pollo frito y mucho del grill, se empatan inesperadamente con vinos naranjas de la bodega francesa La Sorga o sidra alemana de B.D Schmitt.

Plonk

Ciudad de México

Plonk parte de una idea clara: el vino no necesita formalidad para ser interesante o rico. Desde la Condesa, el proyecto funciona como un cruce entre la cocina hecha en México con los toques asiáticos y una selección de vinos con un enfoque en etiquetas de mínima intervención, orgánicas y sostenibles. La carta, curada por Romina Argüelles, se asegura de ofrecer una propuesta diversa, que va desde clásicos bien ejecutados hasta hallazgos más audaces, como un espumoso checo. “Busco vinos que expresen su uva y su terroir, provenientes de pequeños productores que realmente sorprendan”, comparte. Mezcla etiquetas mexicanas, como Bruto, de la bodega Altos Norte, con internacionales, como Raumland Sekt y Gramona, elegidas más por su carácter y afinidad con el menú que por su fama. En la cocina, Flor Camorlinga propone platos pensados para compartir y ofrecer maridajes espontáneos. Plonk se ha consolidado como un espacio para probar y entender el vino como parte de una conversación cotidiana, no como un ritual rígido.

Provocateur

Ciudad de México

Fundado por la sommelier Sophie Avernin, este bar de vinos propone derribar los prejuicios sobre lo clásico o lo amaderado para invitar al comensal (y al bebedor) a transitar por lo que ella denomina “la terracería del vino”. Es un lugar sin protocolos rígidos, para dejarse guiar y con propuestas atractivas para el copeo y explorar regiones (alturas, terruños o denominaciones menos conocidas, como Alto Parras en México o Haut-Poitou en Francia), y que prioriza la honestidad en los precios. Aunque todo es muy relajado, Provocateur tiene una vocación didáctica, vertida en experiencias como catas y maridajes a lo largo del año para resolver dudas, como con qué se pueden maridar los chiles en nogada en septiembre o de qué va eso de los vinos naranjas.

Realesco Bar de Vinos

Guadalajara

Alemania, España, Francia, Austria, Georgia y México son parte de los puntos del mundo que construyen la oferta actual de vinos naturales de Realesco, un bar de vinos que comenzó en 2024 en la calle Lope de Vega, en Guadalajara. La idea partió de la mancuerna entre Alonso Maldonado y los socios fundadores de palReal, quienes siempre han buscado desarrollar una cultura alrededor de la hospitalidad, ya sea con sabor a café o a productos regionales, cerveza, mixología y, ahora, vino natural. Para sus fundadores, este, más que un bar, lo definen como un espacio para los que no conocen y los que quieran seguir probando blancos, rosados, tintos, naranjas, burbujas y pét-nats, apegados a una filosofía de baja o cero intervención, con diversos estilos de vinificación. Su carta itinerante, que puede presentar bodegas familiares y generacionales, como la austriaca Renner & Rennersistas o la bajacaliforniana Pijoan, se complementa con un menú botanero del chef Fabián Delgado y colaboraciones con proyectos de la zona, que producen encurtidos y aceitunas traídos de la ribera de Chapala y otros hechos en casa. “Vemos al visitante de propuestas como la de nosotros aún en construcción, al ser espacios relativamente nuevos, y eso está padre. Hay una curiosidad y exploración sensorial que seguirá creciendo, y nos interesa estar ahí para sumar a la cultura del vino natural”, afirma Alonso.

Somma

Ciudad de México

Quizá ubiques este rincón de la Cuauhtémoc por su famosa ventana, que se hizo viral en redes sociales y es una parte fundamental de su identidad. Se trata de una antigua tradición florentina del medievo, cuando se utilizaban para repartir el vino sin contacto físico y evitar la transmisión de las epidemias de la época. En Somma, la ventana del vino fue recuperada con un propósito muy diferente: introducir a cualquier interesado en un universo que podría parecer intimidante. El ambiente relajado y divertido de este wine bar le quita las pretensiones y etiquetas innecesarias al vino, lo que es perfecto para tomar algo bueno sin necesariamente ser un experto. Incluso los más conocedores podrían encontrar algo para ellos entre la selección de aproximadamente 120 etiquetas, la gran mayoría de pequeñas bodegas europeas, como vinos de Scarpetta, de la región italiana de Friuli-Venecia Julia, o la francesa de Château Palmer.

Sonset Wine Bar

La Paz

El espíritu inquieto de Juan Carlos Basurto encontró un nuevo rumbo en La Paz, Baja California Sur, y en su wine bar Sonset, ubicado en el centro, justo en la calle Belisario Domínguez. Este relacionista público de profesión, pero apasionado de los deportes, la gastronomía y el vino, quedó enganchado con la hospitalidad paceña y quiso aportar algo al destino que ahora llama su casa, por lo que en 2023 abrió este wine bar que invita a disfrutar una copa y su cocina fría frente al momento más bonito de La Paz, su atardecer. Ya sea por copeo o por botella, Sonset tomó la bandera de los vinos mexicanos y muchos más a partir de la baja intervención, con etiquetas que llegan desde Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Jalisco, Zacatecas o Valle de Guadalupe, y los que produce un proyecto en Baja California Sur llamado Desert Wine, una vinícola familiar creada por cinco agricultores del valle de Santo Domingo. “Acá en La Paz el ritmo es diferente, estamos empujando esta cultura con pop-ups y colaboraciones con chefs locales, como Héctor Palacios y Alex Villagómez. Ha sido mucho picar piedra, por ello valoramos cuando nos visitan enólogos o winemakers y tenemos la oportunidad de que el paceño y el turista escuchen y prueben lo que hacen Aldo Quesada, Natalia y Juan Cristóbal Badán, Natalia López y Branko Pjanic, Luis Aburto, Xaime Niembro, Silvana Pijoan y Daniel Kelly, Violeta Jiménez y muchos que son referencia en este oficio”, resalta Juan Carlos.

Turbio Vinos Naturales y Munchies

Guadalajara

Turbio, en Guadalajara, nació de la curiosidad de Alonso Martín “Telesforo” por explorar el vino natural, que lo enganchó por estar lejos de poses y formalidades enológicas. En un inicio, la bodega de Salón Candela, uno de los proyectos de Grupo Habanero, fungió como un primer intento, hasta que en 2021 vio la luz en su actual dirección sobre la calle Pedro Moreno, de la colonia Americana. El nombre viene de la apariencia que generalmente tiene un vino natural sin filtrar: turbia, que se concentra en un espacio a manera de dinner americano con comida casera del mundo, bajo el ojo de la chef Marilú Sánchez. Sin un menú impreso, pero con un equipo dispuesto a contarte la historia de cada etiqueta, fue consolidándose con vinos de Austria, Nueva Zelanda, Italia y Sudáfrica, hasta que llegaron los mexicanos, pasando de una línea muy funky, sin filtrar y más salvajes, a la actual selección de naturales más limpios, con proyectos como Gut Oggau (Austria), Zanotto (Italia), Kindeli (Nueva Zelanda) y The Hermit Ram (Nueva Zelanda). “Hay una curiosidad cada vez mayor y maravillosa que lleva a querer probar este tipo de vino por primera vez –destaca Alonso–. Algunos se quedan y otros descubren que prefieren vinos más convencionales. Ambas cosas nos parecen igual de válidas y forman parte de la experiencia que nos da el mundo del vino”.

Vigneron

Ciudad de México

Vigneron es uno de los wine bars que mejor ha definido la conversación actual alrededor del vino en Ciudad de México. Con una curaduría que gira en torno a vinos de mínima intervención y producciones pequeñas, el proyecto apuesta por etiquetas que celebran el origen, el método y la honestidad del productor por encima de los nombres obvios. En su carta conviven vinos mexicanos de bodegas de Valle de Guadalupe, como Bichi, Vena Cava, Cava Maciel o Santos Brujos, junto con productores europeos independientes, especialmente de Francia, Italia y España, como La Soufrandière. La propuesta se completa con platos sencillos pero bien pensados, como papas fritas con caviar, quesos y una cocina diseñada para acompañar la copa, no competir con ella. Si algo queda claro, es que Vigneron no pretende educar desde el discurso, sino desde la experiencia: beber bien y descubrir etiquetas nuevas.

 
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