París

El puente más antiguo de París se transformó en una caverna

La Caverne du Pont-Neuf es una gigantesca instalación inflable que emerge sobre el Sena.

POR: Iker Jáuregui

Los puentes parisinos que cuelgan entre las riberas del Sena, son más que puntos de tránsito. Durante décadas, han sido las postales por excelencia de la ciudad, emblemas como el Pont Neuf, que creíamos que por sí solo ya era suficientemente impresionante pero que acaba de atravesar un cambio de imagen revolucionario a cargo del artista francés JR, quien lo convirtió en una experiencia subterránea. La instalación, titulada La Caverne du Pont-Neuf, transforma el puente más antiguo de la ciudad en una gigantesca caverna inflable que emerge sobre el Sena. Durante unos segundos, el paisaje parisino deja de parecer París.

La obra envuelve por completo el puente con una estructura textil impresa que imita roca caliza y cavernas prehistóricas. El resultado es un túnel inmersivo de 120 metros de largo, hasta 20 metros de ancho y una altura que alcanza los 18 metros. Desde afuera parece una montaña fuera de lugar; desde dentro, un espacio oscuro y sensorial donde el sonido del agua, las sombras y una composición sonora creada por Thomas Bangalter, ex integrante de Daft Punk, convierten el recorrido en algo cercano a una instalación cinematográfica. Incluso el olor está diseñado, la experiencia incorpora aromas inspirados en la humedad de la piedra y la tierra después de la lluvia.

JR, conocido por intervenir monumentos y espacios públicos a escala descomunal, planteó esta obra como un homenaje contemporáneo a The Pont Neuf Wrapped, la histórica intervención que los artistas Christo y Jeanne-Claude realizaron sobre el mismo puente en 1985. Pero mientras aquella pieza ocultaba el puente bajo tela, JR decidió convertirlo en un paisaje habitable, una especie de gruta urbana que también dialoga con la alegoría de la caverna de Platón y con la obsesión contemporánea por las ilusiones digitales.

Sin embargo, hacerlo realidad fue bastante complejo. Más de 800 personas participaron en la fabricación y ensamblaje de la estructura, producida íntegramente en Francia y diseñada para no dañar el puente: no se utilizó ni un solo clavo ni tornillo sobre la piedra original del siglo XVII. Además, pocos días antes de su apertura oficial, fuertes vientos dañaron parte de la estructura inflable y obligaron a retrasar la inauguración mientras el equipo reparaba las enormes piezas textiles. JR decidió conservar visibles algunas de esas “cicatrices”, inspirándose en el kintsugi japonés, la técnica que repara cerámica rota resaltando sus fracturas.

La Caverne du Pont-Neuf permanecerá abierta las 24 horas del día hasta el próximo 28 de junio de 2026. Después desaparecerá por completo, devolviendo al Pont Neuf su apariencia habitual. Como ocurre con las mejores intervenciones urbanas, parte de su fuerza está precisamente en eso: saber que, en unas semanas, París despertará como si aquella montaña imposible nunca hubiera estado ahí.

 
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