Nueva York

Pris Alba: cómo darle la vuelta a Manhattan corriendo

Ultramaratonista y viajera apasionada, Pris se despertó un día y decidió correr los 56 kilómetros que conforman toda la isla de Manhattan.

POR: Paulina Espinosa

Hay personas que planean su vida y hay otras que un día se despiertan y deciden correr alrededor de toda la isla de Manhattan. Son 56 kilómetros. Sin demasiados planes detrás, sólo una intuición que le dijo “hazlo”, hasta el final. Así es Pris Alba, originaria de Aguascalientes. Su historia no es una de disciplina perfecta, sino de una secuencia de decisiones impulsadas por algo mucho más difícil de explicar: curiosidad, incomodidad, hambre de experiencia. Porque si algo define su camino, es que nunca fue lineal.

Ni lógico. Ni esperado. De hecho, correr ni siquiera era parte de su identidad. Su relación con el deporte comenzó de forma casi accidental, por Lobo, su perro, que tenía que sacar a pasear en medio de una pandemia que obligó a parar el mundo. Sin saberlo, esa pequeña coincidencia la llevaría a una versión de sí misma que no conocía. Al principio fueron distancias pequeñas. Dos kilómetros, cinco, luego diez.

Después ya no hubo regreso. De los 10K al ultramaratón, sin un maratón en medio. Porque Pris no corre para cumplir metas convencionales, corre para ver hasta dónde puede llegar cuando deja de ponerse límites.

Con el tiempo, ese impulso intuitivo se transformó en algo más estructurado, pero nunca rígido. Hoy es corredora de gran distancia en trail, una disciplina en la que el cuerpo deja de ser lo único importante y lo mental toma el control. Consiste en recorrer más de 50 kilómetros (corriendo o caminando) en entornos naturales donde el terreno, la altimetría y las condiciones externas exigen una relación distinta con el esfuerzo. Ahí, el dolor no desaparece, pero cambia de significado, y cada paso es menos sobre velocidad y más sobre presencia.

Sin embargo, reducir su historia al deporte sería quedarse en la superficie. Lo suyo nunca ha sido sólo correr, sino lo que ocurre mientras corre. Es en la montaña donde encontró algo que no sabía que estaba buscando: silencio, conexión, una forma distinta de habitar el tiempo. Ahí entendió que no todo se trata de llegar primero, sino de seguir avanzando, incluso cuando es incómodo. Su camino también la llevó a expandir esa experiencia más allá de lo personal, al crear comunidad y diseñar experiencias al aire libre que invitan a otros a reconectarse con su cuerpo, con la naturaleza y con una versión más honesta de sí mismos.

Ha corrido distancias que suenan imposibles. Ha cruzado territorios enteros. Ha hecho del movimiento una forma de exploración. Y tal vez eso es lo que más la define: su relación con el reto. No como algo que hay que conquistar, sino como algo que te transforma mientras lo intentas. Porque en su historia no hay una narrativa de control absoluto, sino de apertura constante a lo desconocido, lo incómodo y lo que no se puede planear.

Pris corre acompañada, muchas veces por su esposo, con quien comparte no sólo la vida, sino también esa forma de moverse por el mundo. Él estuvo con ella el día que corrieron por todo Manhattan. Y después de más de una década juntos, hoy están esperando a su primer bebé. Lejos de frenar su esencia, esta nueva etapa parece expandirla.

Porque hay algo profundamente poderoso en alguien que decide no dejar de ser quien es, incluso cuando todo cambia. En su historia no hay un equilibrio perfecto, hay integración. Una vida en la que el amor, el cuerpo, la naturaleza y el riesgo coexisten sin competir. Porque al final no se trata de correr 56 kilómetros, se trata de en quién te conviertes a lo largo del proceso.

 
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