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¿Sabías que la tripulación de Artemis II comía tortillas en el espacio?

Son perfectas para la misión porque no generan migajas que se queden flotando.

POR: Paulina Espinosa

Durante décadas, la comida del espacio fue sinónimo de tubos, sobres deshidratados y una experiencia más funcional que disfrutable. Pero eso cambió. Hoy, lo que comen los astronautas en la Estación Espacial Internacional se parece mucho más a una cocina real de lo que imaginamos. La razón es simple: las misiones son cada vez más largas y la alimentación dejó de ser solo combustible para convertirse en un factor clave de salud física, estabilidad emocional y rendimiento.

Actualmente, agencias como NASA y la Agencia Espacial Europea diseñan menús balanceados que pueden durar meses sin refrigeración. En el día a día, los astronautas comen cosas bastante reconocibles: pollo con arroz, carne en salsa, pasta, sopas, frutos secos, snacks y hasta postres como brownies o galletas. Un detalle curioso es que usan tortillas en lugar de pan, porque no generan migajas que puedan flotar y afectar los equipos. La mayoría de los alimentos están termoestabilizados (listos para comer tras calentarse) o deshidratados, a los que se les añade agua en órbita.

Hay un factor que cambia por completo la experiencia: el sabor. En microgravedad, el cuerpo percibe menos los sabores debido a una especie de congestión constante provocada por la redistribución de fluidos. Esto hace que la comida se sienta más plana, por lo que muchos astronautas prefieren sabores intensos. Las salsas picantes, los condimentos fuertes y las especias se vuelven esenciales en la despensa espacial, algo que rompe con la idea de una dieta completamente neutral o aburrida.

Aunque no existe una cocina como tal  ya que no se puede freír ni hervir de forma convencional, sí hay sistemas para calentar alimentos y, en algunos casos, combinarlos. Esto permite cierto nivel de personalización y hace la experiencia menos repetitiva. Aun así, el verdadero cambio está en lo que ya se está produciendo fuera de la Tierra. En la Estación Espacial Internacional se han cultivado lechugas, rábanos y chiles como parte de experimentos que buscan resolver uno de los mayores retos de la exploración espacial: la autosuficiencia. Para misiones futuras, como un viaje a Marte, depender completamente de envíos desde la Tierra no es viable.

Lo que hoy comen los astronautas es resultado de una evolución clara: pasar de sobrevivir a funcionar bien, y de ahí a sostener estancias prolongadas en el espacio con cierto nivel de calidad de vida. Más que una curiosidad, la comida espacial se ha convertido en una pieza estratégica para el futuro de la exploración humana.

 
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