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Las grandes amenazas que impedirán que lleguen ballenas a México

El acuario del mundo enfrenta una tormenta de megaproyectos, decretos federales y buques que amenazan al animal más grande del planeta y otras especies.

POR: Paulina Espinosa

Cada invierno, algo increíble pasa en el golfo de California. La ballenas azules, el ser vivo más grande que ha existido sobre la Tierra, abandonan sus zonas de alimentación en las frías aguas de Alaska y emprende un viaje de miles de kilómetros hacia el sur. Su destino: las cálidas bahías mexicanas del mar de Cortés, donde llegan a reproducirse, dar a luz y recuperar fuerzas. Durante décadas, este ritual fue casi un secreto bien guardado. Hoy, ese secreto está en peligro.

En los últimos meses, al menos dos amenazas mayores se han cernido simultáneamente sobre estos ecosistemas. Dos frentes distintos, pero con el mismo denominador: el peso de decisiones económicas sobre la vida marina más vulnerable.

El decreto que cambió todo

El 10 de abril de 2026, el gobierno federal publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto por el que la Secretaría de Marina recategorizaba al Puerto de Loreto, en Baja California Sur, de “puerto de cabotaje” a “Puerto de Altura y Cabotaje”, abriendo la puerta al tráfico marítimo internacional: buques comerciales, cargueros y megacruceros.

La bahía de Loreto no es un puerto cualquiera. Es el corazón del parque nacional bahía de Loreto, un área natural protegida reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, y uno de los sitios donde la ballena azul llega cada temporada —de noviembre a abril— a reproducirse. Durante la temporada más reciente, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) registró 37 ejemplares en la bahía, incluyendo dos hembras con cría.

La comunidad de Loreto reaccionó de inmediato. El 80% de sus cerca de 20,000 habitantes depende económicamente del ecoturismo: avistamiento de ballenas, pesca deportiva, buceo recreativo. Para ellos, la llegada de megacruceros no representa progreso, si no la destrucción de un modelo de vida construido durante generaciones.

Lo que viene detrás de un crucero

Los impactos de un puerto de altura van mucho más allá de la imagen postal de un crucero enorme junto a una costa turística.

Para operar como tal, Loreto requeriría infraestructura nueva: ampliación de carreteras, instalación de aduanas y, lo más invisible y potencialmente devastador, operaciones de dragado submarino. Al dragar el fondo marino se levanta sedimento que ha acumulado durante años hidrocarburos poliaromáticos y metales pesados altamente tóxicos. Esos compuestos no desaparecen: se reintroducen en la cadena trófica, desde el plancton hasta los grandes consumidores. Hasta la ballena azul.

Los megacruceros también realizan la carga y descarga de agua de lastre —agua que toman en otros puertos del mundo para estabilizarse en la navegación— que contamina los ecosistemas e introduce especies invasoras con consecuencias imprevisibles. El ruido crónico de sus motores, por su parte, interfiere directamente con la comunicación de los cetáceos.

Hay otro dato que los especialistas señalan con preocupación: cuando las ballenas azules se alimentan, la concentración que exige ese proceso las vuelve prácticamente ciegas al entorno. No detectan las grandes embarcaciones. Y los cruceros, por su propio tamaño y peso, carecen de capacidad de maniobra para esquivarlas. Las colisiones ya superan los niveles de mortalidad sostenibles para las poblaciones de ballena azul.

Las ballenas llegan todos los años a dar a luz a México.

El otro frente: el gas que viene de Texas

La crisis de Loreto forma parte de un patrón más amplio de presiones sobre el Golfo de California que lleva ya casi dos años gestándose.

El Proyecto Saguaro, desarrollado por la empresa México Pacific Limited, busca construir en Puerto Libertad, Sonora, una terminal de exportación de gas natural licuado. El plan consiste en transportar gas extraído mediante fracking desde la cuenca pérmica de Texas a través de un gasoducto de 800 kilómetros hasta la costa sonorense, licuarlo y exportarlo en enormes buques metaneros de hasta 300 metros de longitud hacia mercados en Asia.

El proyecto implicaría más de 600 escalas anuales de esos buques en aguas donde habitan ballenas azules, jorobadas, grises, rorcuales y la vaquita marina.

Las ballenas van a juicio

En septiembre de 2025, ocurrió algo sin precedentes en la historia legal de México: se presentó un amparo ante juzgados de distrito en Sonora y la Ciudad de México en nombre de las propias ballenas.

La demanda, promovida por Nuestro Futuro A.C., exige tres cosas: la cancelación de las autorizaciones del Proyecto Saguaro, el reconocimiento de las ballenas como sujetos de derechos en México, y la declaratoria del Golfo de California como “hábitat crítico” —una figura legal que reforzaría la protección del ecosistema.

En marzo de 2026, una jueza en Sonora otorgó la suspensión definitiva del tránsito de buques metaneros vinculados al proyecto, instruyendo a las autoridades a abstenerse de autorizar su paso por Puerto Libertad mientras dure el juicio. No es la victoria final, pero es un avance histórico. El caso avanza, y cuenta con el respaldo de comunidades costeras, científicos marinos y más de 30 organizaciones que han llevado el asunto ante organismos de la ONU.

¿Por qué se le conoce como acuario?

El Golfo de California, bautizado por Jacques Cousteau como “el Acuario del Mundo”, alberga más del 39% de los mamíferos marinos del planeta en una franja de agua relativamente estrecha. Doce mil ciento cinco especies de flora y fauna. Un tercio de todas las especies de cetáceos conocidas. La ballena azul, que mide hasta 30 metros y puede alcanzar las 180 toneladas. La vaquita marina, que ya está al borde de la desaparición definitiva.

Lo que está en juego en Loreto y en Puerto Libertad no son solamente las ballenas. Son las comunidades que las cuidan, que han construido su economía en torno al respeto a esos animales. Son los pueblos indígenas del Alto Golfo para quienes estos cetáceos forman parte de su cosmovisión sagrada. Es el modelo de convivencia entre los seres humanos y el mar que México ha logrado construir, con trabajo y tiempo, en algunos de sus rincones más extraordinarios.

Las ballenas vuelven cada invierno porque saben —o porque la evolución les enseñó— que en esas aguas estarán a salvo. La pregunta es si México decidirá seguir mereciéndolas.

 
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