La ciencia dice que es más fácil hacer amigos en México
Quizás esta es la razón por la que miles de extranjeros están amando la CDMX.
POR: Paulina Espinosa
Llegar a otro país implica aprender muchas cosas nuevas: cómo funciona el transporte, dónde hacer el súper, qué trámites son indispensables y cuáles pueden esperar. Pero existe un desafío mucho más complejo que rara vez aparece en las guías para expatriados: construir una vida social desde cero. Encontrar amigos en la adultez ya es difícil. Hacerlo en otro idioma, en otra cultura y a miles de kilómetros de casa puede parecer casi imposible. Sin embargo, hay lugares donde ese proceso sucede con una naturalidad sorprendente. Y México aparece constantemente entre ellos.
De acuerdo con el más reciente estudio Expat Insider, realizado por la organización InterNations, México se encuentra entre los países mejor evaluados por expatriados en categorías relacionadas con sentirse bienvenido, integrarse a la cultura local y construir amistades. Para miles de personas que han decidido empezar una nueva vida lejos de casa, hacer conexiones aquí parece requerir mucho menos esfuerzo que en otras partes del mundo.
Los sociólogos utilizan el término “tercer lugar” para describir espacios donde las personas conviven fuera del trabajo y del hogar: cafeterías, restaurantes, mercados, parques, bares o espacios comunitarios. Son lugares diseñados para permanecer, no solo para consumir.
En muchas ciudades del mundo, estos espacios han ido desapareciendo. La vida social ocurre detrás de agendas saturadas, reuniones programadas con semanas de anticipación y círculos cerrados que rara vez incorporan personas nuevas.
México funciona de manera diferente. Las sobremesas pueden extenderse durante horas. Los mercados son espacios de conversación tanto como de comercio. Incluso algo tan simple como esperar unos tacos puede convertirse en una interacción social.
Desde la perspectiva de la ciencia social, esto multiplica las oportunidades de encuentros, uno de los ingredientes fundamentales para la creación de amistades.
El efecto de la cercanía repetida
Existe un fenómeno psicológico conocido como “efecto de mera exposición”. En términos simples, las personas tendemos a desarrollar mayor afinidad hacia quienes vemos con frecuencia.
No hace falta una conversación profunda desde el primer día. Ver a la misma persona en la cafetería del barrio, en el estudio de yoga o en el parque donde sales a correr genera familiaridad. Y la familiaridad suele ser el primer paso hacia la confianza.
México favorece este tipo de encuentros porque gran parte de la vida cotidiana ocurre en espacios compartidos. La convivencia no está reservada exclusivamente para ocasiones especiales, forma parte de la rutina.
La cultura de la invitación y la sobremesa
Quizá uno de los aspectos más increíbles para quienes llegan a nuestro país es la rapidez con la que una conversación casual puede convertirse en una invitación. Un café se transforma en una comida. Una comida termina en una reunión con amigos. Y esa reunión puede terminar en un nuevo círculo social.
Para muchos extranjeros provenientes de culturas más individualistas, esta apertura resulta sorprendente. Los antropólogos han estudiado durante décadas cómo las culturas colectivistas suelen priorizar las relaciones personales y el sentido de comunidad. Aunque México es una sociedad compleja y diversa, gran parte de sus dinámicas sociales continúan girando alrededor de la familia, los amigos y los encuentros presenciales.
Mientras que en algunos países comer es una actividad funcional, en México suele ser una experiencia social. La sobremesa (ese momento en el que la comida termina pero nadie se levanta de la mesa) podría considerarse una de las herramientas más efectivas para crear conexiones humanas.
Más allá de la hospitalidad
Cuando los extranjeros describen su experiencia en México suelen utilizar palabras como “amabilidad”, “calidez” o “hospitalidad”. Pero quizá la explicación sea más profunda. Lo que muchos están experimentando no es únicamente cortesía. Es una estructura social que facilita el encuentro humano.
Una cultura donde todavía existen espacios para conversar con desconocidos, hacer una invitación de la nada o quedarse una hora más alrededor de una mesa sin ninguna razón específica.
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