El renacimiento del lobby bar
Hoy es un imprescindible en cualquier hotel, pero el lobby bar no siempre existió. Esta es una historia que va desde el siglo XIX hasta su forma moderna en bares como L’Obsidian, el nuevo bar del Sofitel Mexico City Reforma.
POR: Paulina Espinosa
En el Nueva York del siglo XIX, los primeros bartenders del City Hotel servían mezclas clásicas de una era previa a los cocteles. El Apple Toddy de Orsamus Willard era su sello distintivo: una mezcla de brandy o ron, azúcar, agua caliente y una manzana asada que flotaba en el vaso. La moda de la coctelería viajó rápido: en 1893 llegó al Savoy de Londres, en los años veinte al Ritz de París, y luego cambió para siempre la manera de tomar una copa mientras se está de viaje. El bar del lobby era el lugar donde los viajeros se encontraban, hacían negocios,
se enamoraban o simplemente descansaban después de un día largo. Luego vino la Prohibición en Estados Unidos y con ella años de lobbies sin vida. El bar sobrevivió, pero más chico, más aburrido, más de oficina.
No fue sino hasta los años noventa que volvió a cobrar vida. El Delano en Miami abrió su bar no sólo para sus huéspedes, sino para cualquiera que quisiera entrar, y de golpe el lobby dejó de ser un lugar de paso para convertirse en uno al que la gente quería ir. Desde entonces, los mejores bares de hotel tienen fila: Fifty Mils en los Four Seasons, el Hemingway en el Ritz París y Bulgari Bar en el Bulgari Tokyo, con cartas que cambian cada temporada y bartenders que firman sus tragos como si fueran platos de restaurante.
En esa misma línea llegó L’Obsidian, el nuevo bar del piso 14 del Sofitel Mexico City Reforma. Con un ambiente oscuro, inspirado en el art déco, música en vinilo y una carta diseñada por Emma Centeno (quien viene de trabajar en uno de los 50 mejores bares de América Latina), la propuesta va desde un Negroni con mezcal y chocolate hasta un coctel de tequila con sake y hongos. Cada trago tiene su propia historia, y eso se nota. Ideal para hacer check in, dejar las maletas en el cuarto y bajar a tomar los primeros drinks en la ciudad.
Con el auge de las grandes cadenas, muchos bares de lobby se volvieron genéricos y funcionales. Hoy estamos en una fase de neo-hotel bar. Los hoteles han vuelto a entender que un bar con identidad propia atrae a la gente local, no sólo a los huéspedes, para recuperar ese espíritu del City Hotel como el centro social de la ciudad.
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