Él es Smiljan Radić Clarke, el nuevo premio Pritzker
El arquitecto chileno fue reconocido con el premio Pritzker de arquitectura 2026. Su obra, sin embargo, va a contracorriente del resto de la industria.
POR: Iker Jáuregui
El Premio Pritzker de Arquitectura, considerado el Nobel del oficio, se concibió en 1979 para distinguir arquitectos cuya obra logra trascender lo construido y dialogar con la vida misma. Cada año, el galardón otorgado por la Fundación Hyatt consagra una forma de mirar el mundo. En 2026, esa mirada lleva el nombre de Smiljan Radić Clarke, un arquitecto chileno que ha hecho de la fragilidad una declaración estética.
Radić pertenece a una generación que entendió la arquitectura no como un gesto monumental, sino como una conversación íntima con el paisaje. Su trabajo, a menudo descrito como experimental y profundamente emocional, evita las certezas rotundas: sus edificios parecen provisionales y efímeros, como si pudieran desvanecerse en cualquier momento. Y, sin embargo, ahí radica su fuerza. El jurado del Pritzker destacó precisamente esa capacidad de abrazar la incertidumbre y construir espacios que son al mismo tiempo refugio y pregunta.
El estilo del arquitecto chileno se nutre de materiales híbridos, como piedra, hormigón o fibra de vidrio, creando tensiones aparentemente opuestas entre lo natural y lo artificial, lo permanente y lo transitorio. En ese cruce, sus obras se vuelven narrativas cargadas de memoria cultural y de una sensibilidad que rehúye el espectáculo. No es casual que muchos de sus proyectos parezcan instalaciones habitables: espacios donde la experiencia pesa más que la forma.
Radić Clarke empezó su carrera en su natal Santiago, donde ha realizado algunos de sus proyectos más ambiciosos, como la revolucionaria estructura del restaurante Mestizo, sostenida por grandes piedras de cantera. Su trayectoria realmente tuvo proyección internacional en 2014, a partir de su diseño para el decimocuarto Serpentine Pavilion, en Londres. Desde ahí sus ideas han ido creciendo en ambición, con proyectos como la instalación “Guatero”, para la Bienal de Santiago, o el Teatro Regional del Biobío.
En un momento histórico en que la arquitectura está dominada por grandes dimensiones y espectaculares rascacielos, la obra de Smiljan Radić Clarke va a contracorriente. Una arquitectura silenciosa y camuflable. Que quizá no busca llamar la atención del transeúnte tanto como su entorno.
Especiales del mundo
Travesías Recomienda
También podría interesarte.