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5 destinos fuera del radar para una semana santa sin multitudes

Vuelven las vacaciones de semana santa y con ellas grandes multitudes que aprovechan para obtener unos días de descanso y relajación.

POR: Iker Jáuregui

Cuando llegan las vacaciones de semana santa, el mapa turístico parece concentrarse en los mismos puntos de siempre. Playas icónicas, capitales europeas, pueblos mágicos de moda. La temporada alta convierte esos lugares en una coreografía de maletas rodando, filas interminables y reservas imposibles. Viajar en estas fechas puede sentirse más como una carrera que como un descanso.

Pero, afortunadamente, no siempre tiene que ser así. Existen destinos que, por su ubicación remota, menor promoción internacional o infraestructura limitada, escapan de las multitudes sin sacrificar belleza o autenticidad. Lugares donde el tiempo parece ir más despacio y el viaje recupera su sentido original: descubrir. 

Con la semana santa a la vuelta de la esquina, aún estás a tiempo de considerar alguna de estas cinco opciones menos conocidas para unas vacaciones lejos del bullicio y las multitudes.

Kotor, Montenegro

Es cierto que el Adriático recibe numerosos grupos de turistas cada verano, pero Kotor, encajada entre montañas dramáticas y la bahía más profunda del Mediterráneo, mantiene un aire más íntimo que otras ciudades costeras europeas. Su casco antiguo amurallado, Patrimonio de la Humanidad, crea un laberinto de iglesias antiguas y plazas silenciosas. Quienes suben hasta la fortaleza de San Juan al atardecer se llevan vistas memorables sin las mareas humanas de destinos vecinos más famosos.

Isla Holbox, México

Al norte de la península de Yucatán, Holbox ha crecido en popularidad, pero su acceso, que implica un viaje en ferry y calles de arena, sigue limitando el turismo masivo. Aquí no hay coches, solo bicicletas y carritos eléctricos. Flamencos, tiburones ballena en temporada y atardeceres rosados construyen un paisaje sereno. Es una alternativa relajada frente a los grandes complejos de la Riviera Maya.

Gjirokastër, Albania

La “ciudad de piedra” albanesa combina arquitectura otomana, un castillo imponente y una vida local que aún gira en torno al mercado y la plaza. Albania ha empezado a sonar en el radar viajero, pero sigue recibiendo muchos menos visitantes que las vecinas Grecia o Croacia. Gjirokastër ofrece historia balcánica, gastronomía casera y paisajes envidiables.

Albarracín, España

En la provincia de Teruel, este pueblo medieval parece detenido en el tiempo. Sus murallas trepan por la colina y sus casas rojizas se funden con el paisaje. Aunque es conocido en España, su relativa lejanía de grandes aeropuertos y urbes ibéricas lo mantiene fuera de los circuitos internacionales masivos. Pasear por sus calles empedradas al amanecer es una experiencia casi privada.

Nafplio, Grecia

Mientras las islas griegas más célebres se saturan en verano, Nafplio, antigua capital del país, conserva un ritmo pausado. Fortalezas venecianas, callejones neoclásicos y pequeñas playas cercanas crean una combinación perfecta entre cultura y descanso. Su perfil bajo frente a destinos insulares más promocionados es, precisamente, su mayor virtud.

 
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