México

Los 22 sommeliers que ponen el mejor vino del mundo en las mesas de México

Personajes imprescindibles para que la escena del vino en México siga creciendo con más y mejor vino.

POR: Redacción Travesías

Lauren Plasencia, Sommelier y directora de vinos en Grupo Plascencia.

Ser sommelier es de muchas maneras ser una especie de adivino. Uno que no sólo tiene la capacidad de adelantarse al antojo de los comensales, pero que también conoce lo suficiente como para poder seleccionar específicamente los vinos que le van mejor a cada situación.

Estos 22 personajes lo saben mejor que nadie. Han recorrido las regiones vitivinícolas de México y el mundo en busca de las etiquetas más innovadoras y los perfiles precisos, trayendo a la mesa el mejor vino que pueda encontrarse.

Aline Monterrubio

Fundadora de La Cava de Jean, Ciudad de México

Champañas, vinos orgánicos, biodinámicos y naturales de bodegas familiares es lo que comparte Aline desde que abrió, en 2015, La Cava de Jean.

Su estancia en Francia la llevó a explorar y admirar más la champaña de autor, con lo que engrosó su portafolio a los 57 productores que hoy ofrece, procedentes de Francia (95%) y algunos de España, Serbia, Alemania y México.

Todo este expertise la ha vuelto una referencia en materia de burbujas, ya que ve a los consumidores informados y acercándose, más que nunca, a denominaciones de origen y consolidadas de Champaña, Alsacia, Provenza, Beaujolais, Burdeos, Borgoña y Jura, de la que Aline es admiradora, particularmente.

“Me gusta que también en México tenemos grandes burbujas, como las que producen, en el Bajío, Natalia López y Branko Pjanic, de Cava Garambullo, quienes están haciendo un gran desarrollo del terruño, basado en el trabajo parcelario”, comenta.

Andrés Amor

Sommelier y consultor, Ciudad de México

Para Andrés Amor, el panorama del vino mexicano vive un momento extraordinariamente fértil, marcado por la diversidad, el riesgo y una convicción poco común. De norte a centro, el país se revela como un mosaico de territorios inesperados: desde Coahuila, donde Parras y Altos de Parras concentran proyectos de todos los tamaños, hasta Arteaga, capaz de producir pinot noirs de alta montaña pese a heladas, nieve y granizo. En Baja California, más allá del consolidado Valle de Guadalupe, Ojos Negros se confirma como una de las zonas más estimulantes, con vinos precisos y elegantes.

Entre los grandes descubrimientos del año destacan el nebbiolo de Montefiore, los chardonnays y syrah de Monte Xanic, así como la evolución técnica de su viñedo. Querétaro suma puntos con proyectos como Puerta del Lobo y Vinaltura, enfocados en blancos frescos y coherentes con su terroir, mientras que Guanajuato brilla con Viña San Miguel y Tres Raíces, donde se integran vino y enoturismo. A esto se suman productores pequeños, vinos naranjas, pét-nats y vinificaciones en concreto que reflejan una libertad creativa única. En un contexto global de contracción, México crece en consumo, producción y cultura. Y eso, hoy, es su mayor fortaleza.

Antonio Nates

Sommelier de Tierras de Uva, Ciudad de México

Para Antonio Nates, el vino mexicano atraviesa una de sus etapas más estimulantes. Describe el momento actual como una fase de descubrimiento y experimentación, en la que cada vez más productores se atreven a “salir de la caja” y cuestionar las fórmulas que dominaron durante años. Este cambio se refleja en un alejamiento claro de los vinos ultra maderizados y de alta graduación, y en una búsqueda más honesta por viñas viejas, etiquetas sin barrica y expresiones que hablen con mayor claridad del lugar del que provienen. En ese regreso al origen, señala, se encuentra el verdadero valor: el sentido de pertenencia.

Esa mirada se materializa hoy en distintas regiones del país, donde surgen proyectos que exploran nuevos territorios y revaloran uvas que habían quedado en el olvido. Desde iniciativas en Altos Norte, Jalisco, hasta propuestas que buscan enaltecer variedades como misión y cinsault, el mapa vitivinícola mexicano se amplía con lecturas más frescas y menos intervenidas. Se trata de una generación de productores que no sólo elabora vino, sino que construye identidad, apuesta por métodos más respetuosos y entiende cada botella como una expresión directa del territorio.

Antonio Treviño

San Juanito, Querétaro

El director de operaciones de San Juanito, en Querétaro, recuerda los inicios de este proyecto como un ensayo de pruebas y errores, desde que en 2007 decidieron plantar árboles frutales –“Plantamos como 100 arbolitos y fue un fracaso total”, reconoce ahora– y dedicarse a la crianza de caballos de salto hasta lanzar una apuesta en 2011 que los llevó a plantar tres hectáreas de uva malbec y una más de syrah que marcaría su vocación vitivinícola. “Digamos que nuestra presentación en sociedad fue en 2015 y nos fue muy bien con una primera cosecha. Ganamos una medalla de oro en Bacchus y eso nos cargó mucho las pilas para saber que podíamos lograr algo”, recuerda Antonio.

Hoy, San Juanito es un proyecto que ha sumado otras 150 medallas más a lo largo de los años. “Le apuntamos a los vinos en la punta de la pirámide y nos enfocamos mucho en la calidad. Casi todos nuestros vinos tienen crianza en barrica, la mayoría de roble francés hechas en Chile y una pequeña parte también en Burdeos”. Además de los tintos con crianza, San Juanito produce un rosado tranquilo y un espumoso con el método Champenoise: “Por la influencia de la zona, nos ha ayudado mucho que Freixenet, que ahora se llama Sala Vivé, sea prácticamente nuestro vecino”, destaca.

Armando Sánchez

Curador de vino de Grupo Habanero, Guadalajara

Armando lleva la hospitalidad tatuada en su personalidad. Es un observador del servicio y de mundos gustativos, como el del vino natural y la baja intervención, del que es curador para el tapatío Grupo Habanero, que tiene proyectos como Salón Candela, El Habanero Negro y el wine bar Turbio.

Con total libertad, explora este mundo para tener siempre viva y cambiante la carta, ante un interés creciente de los comensales, que han aprendido qué es un vino natural, a qué sabe, qué les gusta y no.

Muchas degustaciones, ferias y visitas directas han alimentado su curaduría por años, acercando proyectos como los de Anthony Tortul, de La Sorga, en el Languedoc al sur de Francia; el de Riccardo Zanotto, con sus espumosos italianos de métodos ancestrales, en el Véneto; los de la dupla compuesta por Martin Wörner y Alanna Lagamba, de Marto Wines, y los de Andy Weigand, siempre innovadores, desde Alemania.

“Creo que la ola mexicana, encabezada por Lucas D’Acosta, Silvana Pijoan, Daniel Kelly, Pablo Alonzo y Fernanda Parra, entre otros, está muy chida. Es gente a la que siempre hay que seguirle también la pista, pues tienen buenas sorpresas cada cosecha”, afirma.

Eneida Fuentes

Sommelier, consultora y cofundadora de Papito Wines. Guadalajara, Ciudad de México, Madrid

Papito Wines es una de las últimas aventuras en las que se ha embarcado Eneida Fuentes, sommelier referente en la creación de programas de vinos para restaurantes y bares, como Pujol.

Con esta importadora, se dedica a traer lo mejor del Mediterráneo, especialmente de Grecia, y de países del este de Europa.

En las selecciones personales de esta licenciada en artes culinarias, con certificaciones del Basque Culinary Center, de WSET 3 y del Court of Master Sommeliers, además de una especialización en vinos de Jerez, resaltan uvas autóctonas de Santorini, Creta, Naousa y Salónica, así como proyectos griegos, como el de Liliana Malihin, que hace viticultura ecológica y vinos artesanales, o el del croata Niko Dukan con Vinos Mora.

Junto a sus socios de Papito, abrió en 2022 el wine bar Gastón en la colonia Providencia, de Guadalajara, y después una filial en el barrio de Salamanca, en Madrid.

“Al final, México, al ser un nuevo consumidor, es atractivo para productores del Viejo Mundo; además, ven que la gente sabe más, que no es como hace unos años. Sobre tendencias, es una realidad que en los países europeos el consumo de alcohol ha bajado, entonces eso motiva a mirarnos, porque somos abiertos a probar vinos nuevos; somos curiosos”, asegura Eneida.

Gaëtan Rousset

LooFok/Loup Wine Bar, Ciudad de México

Gaëtan no es un sommelier, tampoco enólogo ni chef, pero sí es un apasionado del vino que, al viajar, aprender y, sobre todo, probar, se ha vuelto una de las voces más experimentadas del vino en México. Específicamente de vino natural, el eje rector de la tercia de proyectos que ha cofundado en Ciudad de México: su distribuidora LooFok y su wine bar Loup.

Nacido en Lyon, Gaëtan siempre estuvo en contacto con la cultura del vino, pero fue en una feria cuando descubrió el mundo de los naturales y se decidió a importarlos a México. Junto con su socia y pareja, Ximena Igartua, desde hace más de una década ha ido formando un cuidadoso catálogo de etiquetas únicas en el mercado nacional.

Al principio, la mayoría de los vinos que traía eran franceses, pero con el tiempo la selección se ha ido ampliando a más de 50 productores de toda Europa. Desde Georgia hasta Italia, Gaëtan y Ximena no sólo prueban el producto que importan a México, sino que viajan por el mundo para conocer de cerca a las personas y los procesos detrás de cada botella.

Gonzalo Gout

Cofundador de Vinos Enteros, Ciudad de México

La relación de Gonzalo Gout con el vino se ha construido tanto desde la operación restaurantera como desde la curiosidad personal. Como director de operaciones de Casa Mata, el grupo de restaurantes internacionales liderado por Enrique Olvera, ha participado en la apertura de proyectos en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Madrid y Ciudad de México, una experiencia que ha marcado su forma de entender el vino dentro del contexto gastronómico.

Más allá de lo profesional, su vínculo con el vino es profundamente personal. Gonzalo es de los que buscan siempre una buena copa, un viaje que lleve a descubrir nuevas etiquetas y conversaciones largas alrededor de una botella. Fue justamente en ese terreno que conoció a su socia Larissa, con quien cofundó Vinos Enteros, un proyecto que nace del deseo compartido de traer a Ciudad de México los vinos que a ambos les emocionan.

La selección de Vinos Enteros responde a una idea clara: vinos con sentido de lugar, elaborados por familias que honran la tierra, la tradición y los procesos bien hechos. Son botellas que privilegian la trazabilidad, las cadenas de valor transparentes y una forma de consumo más consciente, tanto en casa como en la mesa de un restaurante.

Desde ahí, Gonzalo se integra a la escena del vino en México como una voz que propone ampliar el horizonte, diversificar las opciones y recordar que el vino, cuando es bien elegido, siempre invita a sentarse, compartir y conversar.

Juan Monteón

Curador de vinos y copropietario del restaurante Hueso, Guadalajara

La visión como comensal, restaurantero y amante del vino hace el combo perfecto en el trabajo de selección enológica que Juan Monteón realiza desde 2014 para Hueso, en Guadalajara, del que es copropietario junto con el chef Alfonso “Poncho” Cadena.

Por más de 15 años, Juan se ha adentrado en las zonas del vino, investigando y probando toda clase de estilos para siempre tener al día una carta que va de 30 a 50 etiquetas, ideada para la cocina monchosa que caracteriza a Poncho.

El también integrante de Vinos en la Calle, proyecto con el que busca invitar a maridar la gastronomía callejera mexicana con espumosos, blancos y rosados, principalmente, sigue apostando por la viticultura tradicional u orgánica, como la que hace Jonatan García, de bodega Suertes del Marqués, en el valle de Orotava, en las islas Canarias, enfocada en la mínima intervención.

“Veo más interés por probar y experimentar estilos diferentes, y a la tecnología como herramienta si la sabes aprovechar –destaca Juan–. En cuanto a tipos de vino, aunque los tintos siguen dominando la escena, los blancos y espumosos, en mi opinión, empujan fuerte, sobre todo los portugueses y mexicanos; limpios, de mínima o cero intervención”.

Laura Santander

Sommelier, Ciudad de México

A esta sommelier y consultora, 2025 le puso en el mapa vinos de regiones que se veían poco en México, además de un proyecto personal enfocado en la comunicación digital del vino y su querido papel como asesora de cavas personales, sin dejar de lado las capacitaciones para que los restaurantes puedan ofrecer un servicio alrededor del vino más eficiente. En el lado del consumo, Santander reconoce que este año tuvo una presencia clave: “Creo que tengo súper presentes los vinos de Moldavia, que han hecho un esfuerzo tan importante por estar en México y porque los vinos están deliciosos y son de mucha calidad”, comenta. Esta sommelier también reconoce que hay vinos de otros países productores que han cobrado “mucho punch”, como Alemania y Austria. “En general, las importadoras están apostando por vinos de lugares menos comunes”, añade.

Lauren Plascencia

Sommelier y directora de vinos en Grupo Plascencia, Baja California

Lauren Plasencia, Sommelier y directora de vinos en Grupo Plascencia.

Como directora de vinos de Finca Altozano, Animalón, Erizo, Villa Saverios y Jazamango, restaurantes en Valle de Guadalupe, Tijuana y Todos Santos, la sommelier Lauren Plascencia sigue explorando las etiquetas que la emocionan, desde que se enfocó en este rubro en 2017.

Diplomada en el Culinary Art School, el French Wine Scholar, WSET 3, y Sommelier Award de la Guía Michelin México, lleva su curiosidad hacia varietales y estilos de vino diferenciados que están creciendo en los valles de su zona. Por ejemplo, Osadía y Descendientes de Charles Martinez, de Mauricio Ruiz Cantú; Tresbolillo de Viñas del Sol, proyecto de Sergio Salgado, u Omaggio Blanco, de Paoloni, con uva inzolia, típica del sur de Italia.

“Veo al consumidor mexicano más orgulloso e informado, presumiendo, incluso, los otros valles que existen por el país. Preguntan más y por ello me gusta sumar a esa curiosidad estilos y varietales, sobre todo ahora que el consumo de alcohol sí ha disminuido en un rango de la población”, destaca.

Lety Álvarez

Tierras de Uva/Lorea, Ciudad de México

El escenario del vino en México continúa ampliándose año con año y, en el caso de Tierras de Uva, 2025 ha sido especialmente positivo: el incremento en el consumo ha sido claro y sostenido, acompañado de un cambio interesante en el perfil del público. Cada vez más personas jóvenes se acercan al vino con una curiosidad genuina, no sólo como bebida, sino como un universo cultural, lo que dibuja un panorama optimista para el sector. En lo personal, uno de los grandes descubrimientos del año han sido los vinos de Antonio Maçanita, un productor con cuatro proyectos en distintas regiones de Portugal (Alentejo, Douro, Porto Santo y Azores) que comparten una mirada inquieta, experimental y profundamente ligada al territorio. De todos ellos, el de Azores destaca por sus vinos disruptivos, frescos y complejos, que se salen de los márgenes habituales sin perder precisión. Si bien en Tierras de Uva el foco está puesto en vinos españoles y portugueses, y no hay una lectura directa del vino mexicano, es lógico pensar que el crecimiento del consumo general influye también en la producción local. Al final, el vino es cultura y alimento; consumido con responsabilidad, es una cadena en la que todos crecen.

Ludovic Anacleto

Chef y sommelier, Monterrey

Con su proyecto Grand Cru, en el que todo el personal tiene una certificación especializada en vino, este chef restaurantero y sommelier francés, afincado en Monterrey, pone de manifiesto por qué una carta de vinos no es sólo un listado de etiquetas, sino una curaduría que debe tener intención y coherencia. Para él, esa coherencia radica en ofrecer etiquetas de vinos que sean gastronómicos, “con niveles de alcohol más mitigados, poca o nula presencia de barrica, acidez media o alta, vinos que no sean demasiado pesados y que tampoco sean demasiado protagónicos”; vinos que también expresen el lugar de donde vienen, con poca intervención, porque “no vas a estar trabajando una viña de 50 o 60 años de pinot noir para luego meterle 24 meses de barrica nueva o correctivos”.

Mariano Rocha

Salón Gallos, Mérida

El cofundador de Salón Gallos, en Mérida, sigue enfocado en su búsqueda de etiquetas nacionales de buena calidad y que además compaginen con el clima de Mérida –que, ya sabemos, es extremo en los calores– y con la propuesta de su espacio, en el que se conjugan una sala de cine, una cantina, donde la cocina mezcla sabores yucatecos con libaneses, y un wine bar en el que puedes probar vinos naturales de México por copeo, como Vino Pelón o Árbol de Fuego, de Silvana Pijoan, ya referidos en estas páginas, algún pétnat –una de las tendencias que más fuerza ha cobrado este año– o alguna referencia del Viejo Mundo, como un rosé francés. Todos vinos que aquí “por el calor, jalan muy bien”.

Pablo Mata

Sommelier y consultor, Ciudad de México

Además de las varias certificaciones acumuladas a lo largo de su carrera –como especialista en vinos de Francia y Jerez, California Capstone L1, WSET, entre otros–, este sommelier y consultor tiene una trayectoria amplia como asesor en la industria restaurantera y de cavas privadas. El año 2025 fue uno movido para Mata, ya sea al frente del wine bar Somma –que este año obtuvo su diploma de excelencia de Wine Spectator para sus sucursales en las colonias Polanco y Juárez–, que sigue enfocado en ofrecer opciones para cada gusto –si tu paladar se inclina por lo clásico, alguna cepa específica o busca descubrir regiones que se ven poco en México–, o representando, como exportador para Latinoamérica, el portafolio de los vinos de José Moro, Cepa 21.

Patricio Rivera Río

Sommelier, Monterrey

En 2025, el restaurante Koli, de los hermanos Rivera Río, cumplió 10 años, una celebración que sirvió como pretexto para que este sommelier pudiera participar en el ensamblaje de una etiqueta (su nombre es X) de aniversario con Casa Madero, un vino no sólo pensado para acompañar la cocina de sus hermanos, sino para perdurar y ser revisitado –¡eso esperamos!– cuando el restaurante llegue a su vigésimo aniversario. Al margen de este proyecto especial, al sommelier de los Rivera Río se le puede encontrar en esa continua búsqueda y ensayo para ofrecer maridajes que sigan sorprendiendo a sus comensales y, para asuntos más terrenos, en redes sociales, compartiendo tips sobre cultura del vino y algunas de sus recomendaciones favoritas.

Priscila Frausto Torres

Sommelier de Grupo Pangea, Monterrey

Para la head sommelier de Grupo Pangea, 2025 ha sido un año de viajar a regiones como Uruguay y California, de probar nuevas cosas, como el vino-cerveza –que juntó sus dos amores en una sola bebida y del que espera ver más en las cartas del grupo restaurantero–, y de realizaciones. “La gente está consumiendo menos alcohol en general, así que me parece muy importante que los profesionales de la información comuniquemos bien el valor del vino, para seguirlo manteniendo en la vida, en la mesa y como parte de una comida rica, en un consumo moderado”, afirma.

Del lado de la industria, Priscila también ve con interés los proyectos que no sólo cuidan la tierra, sino los recursos humanos. “Creo que se habla mucho de cómo se trata al viñedo y de las certificaciones, pero este año me llamaron la atención proyectos que me hicieron pensar en lo importante que es tratar bien a la gente”, refiere. ¿La cereza en su carta de deseos? : “Me gustaría que existiera más apertura, de todos, de los sommeliers, de los consumidores, sobre todo aquí en el norte, hacia los pét-nats”.

Roberto Curiel

Importador de vino, Ciudad de México

Roberto Curiel importa principalmente vinos italianos –aunque también cuenta con un catálogo de champañas especialmente interesante– mediante su empresa Terra e Mondo. Abastece a decenas de restaurantes, pero también vende directamente al consumidor final, lo que le permite tener una lectura amplia de los hábitos de consumo, tanto en la mesa de un restaurante como en casa.

Con esa doble perspectiva, Curiel observa que la tendencia dominante en México aún es hacia estilos clásicos. “El mercado del vino en México es todavía muy tradicional. Hay un consumidor adulto, de generaciones mayores, que bebe vino español o francés con mucha barrica, además de etiquetas de Burdeos, Argentina o Chile”, explica. Sin embargo, también identifica un cambio generacional claro: “La gente más joven, entre 25 y 40 años, empieza a inclinarse por vinos de propuesta: más blancos, rosados y espumosos, con menos madera y perfiles más modernos”.

Para Curiel, esta transición refleja una evolución en el paladar del consumidor, aunque reconoce que avanza con lentitud. “Sí hay una mejora, pero todavía falta mayor consumo y más apertura”, señala. A su juicio, el mercado mexicano todavía es marcadamente old school, muy enfocado en España, Chile, Argentina y México, y aún queda camino por recorrer para que las nuevas generaciones se animen a explorar vinos mejor elaborados, de productores pequeños y con mayor identidad.

Romina Argüelles

Sommelier en Plonk, Ciudad de México

Con una trayectoria que ha influido de forma decisiva en la conversación del vino en México, Romina Argüelles, de Plonk, fue reconocida con el Premio Sommelier de la Guía Michelin México 2025. Desde su experiencia, 2025 marcó un punto de inflexión para la industria nacional, pues se formó un mercado más consciente, con consumidores que preguntan, comparan y buscan etiquetas locales con identidad. Además, la presencia de bodegas mexicanas en restaurantes y tiendas especializadas es cada vez mayor, al igual que la escena de bares de vino, particularmente en Ciudad de México. A esto se suma la consolidación de nuevas regiones: que Querétaro haya obtenido su Indicación Geográfica Protegida es una señal clara del rumbo que toma el sector.

Aunque el consumo per cápita (entre 1.2 y 1.3 litros anuales) aún es bajo, el avance frente a décadas pasadas es innegable. Sus descubrimientos del año incluyen El Niño, de Casa Indómitas, una burbuja fresca y bien lograda con un interesante blend de palomino y sauvignon blanc, y la Magnum Viognier de Vinisterra, cuyo perfil aromático y textura brillan especialmente en ese formato. “Hoy, entre 30 y 34% del vino que se consume en México es nacional y el mercado apuesta por beber menos pero mejor. El reto ahora es claro: aumentar el consumo, consolidar más regiones, fortalecer el enoturismo, impulsar la sostenibilidad y llevar el vino mexicano a más mesas, dentro y fuera del país”.

Sandra Fernández

Sommelier y consultora, Ciudad de México

En 2025, Sandra Fernández pasó cerca de tres meses revisitando el acervo y la historia de Casa Madero para el lanzamiento de la Biblioteca de Cosechas Históricas de este proyecto y confirmar que, cuando se trata de vino, “México ya puede conversar con el tiempo”. Después de mirar al pasado, Sandra también mantuvo en mente el presente del consumo del vino en el país. “Hoy se puede palpar en el gusto del consumidor, y no sólo en los números, que el vino blanco, el vino rosado y el vino espumoso son preferencia del paladar mexicano, que solía inclinarse más por los tintos con madera. Hoy, la cocina mexicana es de vinos blancos. Además estoy muy sorprendida por la cantidad de bodegas que están haciendo vinos espumosos, muchos con el método tradicional y resultados bárbaros”, agrega.

En miras al futuro (no muy lejano), Sandra tienen en la mira a Chihuahua: “No se me hace un elefante dormido, porque ya despertó y va a dar esos pasos para cambiar los datos del país con 2,000 hectáreas de viñedo, donde hay los cinco climas vitivinícolas, y está empezando a entenderlos para contar e interpretar su historia”.

Ugo Hernández

Importador en Iznogood, Ciudad de México

Con su proyecto Iznogood, Ugo ha contribuido a visibilizar en México una selección de etiquetas que priorizan prácticas agrícolas responsables y procesos respetuosos con el entorno.

Su aproximación al vino no es técnica ni académica, sino profundamente gastronómica. Para él, estas botellas dialogan mejor con la cocina contemporánea, con ingredientes de temporada y con una manera de comer más consciente. En ese sentido, su labor ha sido clave para acercar este tipo de vinos a un público que quizá no se identifica con el discurso tradicional del vino, pero sí con la idea de origen, honestidad y coherencia en lo que se consume. En un mercado que empieza a cuestionar cómo y qué bebe, su propuesta se inscribe en una conversación más amplia sobre sostenibilidad, placer y responsabilidad, con la que el vino deja de ser un objeto aspiracional para convertirse en parte natural de la mesa cotidiana.

Wilton Nava

Sommelier e importador, Ciudad de México

Este sommelier, también formado como ingeniero civil, todavía recuerda el chardonnay chileno que le recomendó a una comensal cuando trabajaba como ayudante de mesero a sus veinte años y que lo llevó a buscar más información sobre el mundo del vino. Hoy, Nava trabaja en dos proyectos paralelos: la importadora Ampely, dedicada a traer a México vinos de Europa, sobre todo de Francia, “de productores muy pequeños, siempre intentando importar vino y no etiquetas”, y Dr. Wein, “una tienda en línea y física que funciona mediante inteligencia artificial para dar recomendaciones de vinos”, del que se han desprendido el wine bar Le Nez y un taco tour, con la doble función de democratizar y romper prejuicios alrededor del vino, que va de los de canasta a la tripa con maridajes acordes. “Inicialmente, Dr. Wein tenía una selección de 120 etiquetas, muy enfocada en la gente que se quería iniciar en el mundo del vino, con muy buen costo-beneficio, nada complicadas, pero ahora hemos incorporado todo lo que tenemos en la cava de Le Nez, que es una selección como de 800 referencias”, siempre haciendo hincapié en que el vino hace la ocasión. “Es un proyecto desarrollado para eso, para que el vino tenga 100% del protagonismo, donde todos los que trabajamos somos sommeliers, para llevarte de la mano a nuestra cava”, resalta.

 
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