El significado prehispánico de las mariposas monarca
En el vuelo de las monarca persiste una idea prehispánica básica: que la muerte no es un final, sino un regreso.
POR: Iker Jáuregui
Cada otoño, millones de mariposas monarca emprenden uno de los viajes más asombrosos del mundo natural. Desde el sur de Canadá y el norte de Estados Unidos, estas criaturas recorren hasta cuatro mil kilómetros para llegar a los bosques de oyamel del centro de México, principalmente en Michoacán y el Estado de México. Su llegada no es un fenómeno reciente: ocurre desde hace miles de años y forma parte profunda de la historia natural del territorio mexicano. Mucho antes de que la ciencia moderna describiera su migración, los pueblos originarios ya observaban este pulso anual de la naturaleza y lo integraban a su cosmovisión.
Para las culturas prehispánicas, la mariposa no era solo un insecto, sino un símbolo cargado de significado espiritual. Su metamorfosis —de oruga a crisálida y luego a ser alado— la convirtió en una poderosa metáfora de transformación, renacimiento y tránsito entre mundos. En el centro de México, la llegada de las monarca coincidía con el final de la temporada de lluvias y con rituales agrícolas y funerarios, reforzando su asociación con los ciclos de la vida y la muerte.
Entre los purépechas, habitantes ancestrales de la región donde hoy se localizan varios santuarios de la monarca, existía la creencia de que estas mariposas eran las almas de los difuntos que regresaban a visitar a sus familiares. Su arribo, entre finales de octubre y principios de noviembre, coincidía de manera simbólica con las festividades dedicadas a los muertos. No era casual: el calendario ritual purépecha entendía el tiempo como un continuo donde los vivos y los muertos podían encontrarse. Las mariposas, silenciosas y numerosas, se convertían en mensajeras entre ambos mundos.
Algo similar ocurría entre los mazahuas, pueblo originario del noroeste del Estado de México. Para ellos, las monarca representaban el retorno de los ancestros, portadores de memoria y protección. Verlas llegar a los bosques cercanos a sus comunidades era una señal de equilibrio cósmico, una confirmación de que el orden natural seguía su curso. Las mariposas no solo visitaban el paisaje, sino también el ámbito espiritual de la comunidad.
Hoy, la migración de la mariposa monarca sigue siendo un fenómeno biológico extraordinario, pero también un legado cultural vivo. Cada aleteo recuerda que la naturaleza nunca estuvo separada de lo sagrado. En el vuelo de las monarca persiste una idea común en la cosmovisión prehispánica: que la muerte no es un final, sino un regreso.
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