Ciudad de México

La Ruta de la Amistad: el mundo visto desde el Periférico

El emblemático paseo escultórico vuelve a cobrar vida durante el Mundial con recorridos, intervenciones y oportunidades para ver las piezas de cerca.

POR: Iker Jáuregui

"Sol Rojo", de Alexander Calder, se ha convertido en un ícono del Estadio Azteca.

Puede que quien circule por el sur de Ciudad de México con habitualidad ya esté acostumbrado a ver estas intrincadas figuras al lado del camino, que incluso ya las haya integrado a su campo de visión como algo común y corriente. La realidad es que las esculturas que conforman la Ruta de la Amistad no caben en ninguna definición de normalidad. Trazos y colores extraordinarios que, aun después de 60 años, se mantienen de pie como testigos de una vanguardia y de uno de los proyectos de arte urbano más ambiciosos de la historia.

“Sol”, de Kiyoshi Takahashi, artista invitado de Japón.

Ayer

Estas extrañas figuras empezaron a aparecer en la zona durante los primeros meses de 1966. Llegaron discretamente a una parte de la ciudad que por entonces no había sucumbido al caos y al tráfico capitalino. Las formas estridentes contrastaban casi de manera extraterrestre con el resto del panorama al final del Periférico Sur, dominado por piedra volcánica y campos rurales.

Sólo de la dupla formada por los arquitectos Mathias Goeritz y Pedro Ramírez Vázquez se hubiera podido concebir un proyecto así: el corredor escultórico más grande del mundo, extendido por 17 kilómetros y compuesto por 19 piezas. El pretexto fueron los Juegos Olímpicos de 1968, abordados desde una marcada perspectiva cultural que incluía la participación protagónica de personalidades creativas como el propio Ramírez Vázquez, quien incluso fue presidente del comité organizador.

“Las Tres Gracias”, conjunto creado por el checo Miloslav Chlupac.

El proyecto giraba en torno a la colaboración con otros países invitados a la justa olímpica, de manera que las delegaciones no sólo tuvieran representación atlética, sino también artística. De esta forma, el recorrido incluyó obras como el emblemático Sol Rojo, del estadounidense Alexander Calder; Torre de los Vientos, del uruguayo Gonzalo Fonseca, o Sol, del japonés Kiyoshi Takahashi.

Hoy

Tras su esplendor inicial, durante los días posteriores a México 68 la Ruta de la Amistad se fue sumiendo discretamente en el abandono. No sólo por parte de los vecinos que se acostumbraron a lo extraordinario y dejaron de admirarla mientras la recorrían en sus autos, también institucionalmente. Durante mucho tiempo pasó desapercibida como el patrimonio cultural que en realidad es, vandalizada y dejada a su suerte. Sólo hasta 1994 se formó el Patronato México 68, dedicado a rescatar y preservar este legado.

“México”, pieza de Josep Maria Subirachs.

En 2010, con la construcción del segundo piso del Periférico, el patronato salvó de la demolición 10 de las esculturas de la ruta y las reubicó en su espacio actual, entre Periférico e Insurgentes Sur. Esta nueva ubicación también facilita su recorrido a pie, “la mejor forma de admirarlas y dejar que te impresionen”, de acuerdo con Luis Javier de la Torre González, presidente del patronato.

Con motivo de la Copa del Mundo –que pondrá a Ciudad de México en el foco global como en 1968–, por fin abrieron rutas guiadas para que los curiosos y amantes del arte puedan poner en perspectiva a estos colosos del Periférico. Además, recordando el espíritu colaborativo del proyecto original, durante todo el año tendrán eventos e intervenciones de la mano de países invitados al Mundial. Puedes consultar el programa y registrarte a los recorridos en sus redes: @rutamex68.

“Señales”, de la mexicana Ángel Gurría.

 
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