Dinamarca

Val de la Torre: un viaje a Copenhague para encontrar su nuevo ritmo

Val viajó a Dinamarca para seguir persiguiendo su vida en movimiento, lo que encontró fue un nuevo ritmo y otras posibilidades.

POR: Paulina Espinosa

Sería fácil y hasta un poco cliché decir que Val de la Torre es un ejemplo de vida. Pero quedarse ahí sería no entender nada. Lo suyo no es sólo inspiración, es resiliencia en movimiento, es aventura con otra definición del cuerpo, es la prueba de que los límites, muchas veces, son narrativas que se pueden reescribir.

Val no encaja en la típica definición de “superación”, pues su historia no empieza con la pérdida, sino con todo lo que ya era antes: una mujer activa, curiosa, profundamente conectada con el movimiento y la libertad. El accidente que cambió su cuerpo, despues de perder ambas piernas, no tocó su esencia. Y ahí está la diferencia. En lugar de construir un discurso desde la tragedia, Val eligió habitar la transformación con una claridad poco común, al entender que la vida no se trata de volver a ser quien alguna vez fuiste, sino de descubrir quién puedes ser ahora.

Lo que siguió fue más que una campaña para reunir los fondos necesarios para comprar sus prótesis –que en tan sólo 26 horas superó la meta–, fue un fenómeno emocional que movilizó a miles de personas que no sólo donaron dinero, sino que pusieron su fe en su proceso. Val representa una nueva generación de historias en las que la resiliencia es una forma de vida. Su testimonio no inspira por lo que le pasó, sino por cómo decidió sostenerse después.

Cuando conocimos su historia, y sobre todo acerca de su primer viaje al mundo desde esta nueva versión de sí misma, algo hizo clic. Después de un año de perder ambas piernas, de aprender a habitar sus prótesis y de reconstruir su relación con el movimiento, Val decidió hacer su primer viaje a Copenhague junto con su hermana. Fue una decisión emocional y muy simbólica, pues viajaban para celebrar sus 30 años, honrando todo lo que el accidente transformó en su vida. Porque si algo tenía claro, era que quería volver a moverse por el mundo.

Eligió Dinamarca por algo más que lo aesthetic o una tendencia: la inclusión, la infraestructura, la sensación de seguridad. Un lugar donde su cuerpo no fuera una barrera, sino una posibilidad. Copenhague, con la adaptación que ofrece para personas con discapacidad, le dio algo que no había sentido hasta entonces: la seguridad de poder hacer una vida sola. De poder salir por un matcha y saber que todo estaría bien. Y más allá de la experiencia puntual del viaje, lo que más se llevó fue el diseño de aquello que la conforma.

Eso sí, ajustar sus expectativas fue una parte esencial del viaje. Descubrir que podía viajar como antes…, pero no exactamente igual. Que hay distancias que se sienten diferente, que el cuerpo tiene nuevos ritmos, que el cansancio llega de otra manera. Subestimó las caminatas, recalibró los días, aprendió a elegir mejor dónde poner su energía. Pero también descubrió que hay sistemas, como los aeropuertos, que funcionan con protocolos universales que facilitan y hacen que toda la travesía sea mucho más fácil.

Por eso, esta travesía es tan linda. Porque muchas veces el viaje no sólo es físico, de un territorio a otro, sino y sobre todo el trip interno que vives. Sobre volver a confiar en su cuerpo y demostrar que la aventura no desaparece, sólo se transforma. Porque a veces la travesía más importante no es a un destino nuevo, sino hacia la versión de ti que pensaste que ya no iba a existir.

 
  • Compartir

Especiales del mundo

Las Vegas Stylemap

Una guía para conocedores