Versalles: el coto de caza que se convirtió en palacio real

Incluso uno de los palacios más visitados del planeta sabe guardar secretos

27 Mar 2024

Pocos palacios ocupan un lugar tan importante en el imaginario popular como Versalles. La “Galería de los Espejos”, la decoración barroca de sus habitaciones, y los bailes y excesos de María Antonieta, han hecho que el antiguo palacio real francés se haya convertido en uno de los más famosos del mundo. Desde su construcción, causó admiración en todas las casas reales de Europa, y sirvió como inspiración para incontables construcciones a lo largo y ancho del planeta.

El complejo sirvió como residencia de la familia real y el gobierno francés por menos de siglo y medio, pero en ese tiempo consolidó una fama y prestigio que se extienden hasta nuestros días. Versalles ocupa un área de unas 800 hectáreas y está compuesto por cuatro secciones: el palacio, los jardines, la galería de las carrozas y los dominios del Trianon. Aunque la galería de los espejos y sus jardines son las partes más conocidas, este palacio guarda varios secretos

Versalles: El coto de caza que se convirtió en palacio

La historia del palacio comenzó en 1629, cuando el rey Luis XIII mandó a construir un pabellón de caza en la localidad de Versalles, a las afueras del París. Unos años más tarde, la pequeña construcción fue reemplazada por un castillo de piedra y ladrillo, pero Luis XIV tenía otros planes para el pequeño palacete de su antecesor. El nuevo monarca estaba consciente de que necesitaba afianzar su poder sobre la alta nobleza para evitar alzamientos y desafíos a su poderío, por lo que decidió transferir la corte del palacio del Louvre, a Versalles.

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Versalles en la época de Luis XIII.

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Galería de los espejos

Luis XIV trasladó todo el aparato gubernamental de Francia al antiguo pabellón de caza que empezó así a ser ampliado sucesivamente a partir de 1665. Las obras se mantuvieron por 50 años y se construyeron nuevas alas (como la del mediodía y las de los ministros), apartamentos privados para los reyes, establos, y hasta una capilla. Durante el reinado de Luis XV se agregaron la ópera y los petit appartements. En su cúspide, alrededor de 10 mil personas llegaron a vivir en el complejo palaciego. Versalles albergaba no sólo a la familia real y a la corte, sino también todos los servicios administrativos del Estado y personal de servicio, limpieza y cocina.

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Versalles

El refugio

Los Dominios del Trianon y sus terrenos esconden varias de las zonas más íntimas y encantadoras del palacio. Esta zona fue proyectada desde tiempos de Luis XIV para su uso personal e íntimo. Aunque el Petit Trianon fue mandado a construir por Luis XV, el edificio debe su fama a María Antonieta, quien lo habitó y redecoró en los años anteriores a la Revolución. El edificio fue obsequiado a la reina por su esposo, pero más aún, el regalo también incluyó los terrenos que rodeaban al edificio.

A partir de 1777, la reina empezó a transformar los jardines del Trianon. Lo primero que mandó hacer fue substituir el jardín botánico de Luis XV por un jardín inglés según la moda del momento. Sin embargo, un par de años más tarde, en 1783, María Antonieta le pidió al arquitecto Richard Mique no sólo ampliara el jardín, sino que además construyera un lago que estuviera a su vez rodeado por una pequeña aldea.

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El “Petit Trianon” es una de las obras maestras del neoclásico francés y fue un dominio personal de María Antonieta.

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Detalle del interior del “Petit Trianon”.

Más allá del barroco: un rincón campestre

Los trabajos duraron 3 años, y en 1786 se inauguró la llamada aldea de la reina. Aunque se encuentra dentro de los dominios de Versalles, la aldea era un pequeño complejo campestre planeado para que asemejara a un idílico pueblo rural francés. La aldea incluía no sólo aposentos para la reina, sino también un molino, una granja, un granero y diversas cabañas en donde se hacían quesos y conservas.

Uno de los aspectos más curiosos es que aunque tanto el jardín inglés como los dominios de Trianon parecen ser espacios totalmente naturales y campestres, todo fue cuidadosamente diseñados. Tanto el lago como los riachuelos fueron planeados para que lucieran naturales. E incluso el puente de piedra que lleva a la aldea de la reina fue edificado de tal manera que ofreciera la vista más pintoresca de la villa.

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Vista de la “aldea de la reina”, a donde María Antonieta iba a escapar del pesado ambiente de la corte.

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Vista aérea del lago y la “aldea de la reina”.

Versalles después de la Revolution

Tras el estallido de la Revolución Francesa en 1789, el rey y la corte abandonaron Versalles para siempre. El antiguo palacio fue despojado de sus muebles y la colección de pinturas se lleva al Louvre. Sin embargo, para 1804, Napoleón mandó acondicionar los apartamentos del Grand Trianon como su residencia. Pero tras la caída del imperio napoleónico, el palacio empezó a adquirir su uso como museo. Desde 1832, una sección de la antigua residencia real fue transformada en un museo histórico por órdenes del rey Louis-Philippe, que creó la galería de batallas.

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En 1875 la República Francesa tomó posesión del complejo y mandó a construir una sala para para el congreso. Desde entonces, el palacio que alguna vez fue el más grande de toda Europa, pertenece al gobierno francés, y la leyenda y el atractivo en torno al que es el palacio más conocido del mundo no ha hecho sino crecer. Cada día más brillante como la luz que resplandece en la famosa Galería de los espejos.

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