La magia del Amazonas peruano por Ana Lorenzana

Hay muchas formas de entrar al Amazonas. Esta es, quizá, una de las más inesperadas: a bordo del Aqua Nera.

14 Jul 2026

Ana Lorenzana es una fotógrafa colombiana (chilanga por elección) que ha construido una mirada muy particular alrededor de Ciudad de México, especialmente desde la gastronomía. Formada en París y con una trayectoria que abarca moda, lifestyle y food photography, su trabajo destaca por ser divertido, espontáneo, lleno de color, sensorial y profundamente narrativo. No sólo retrata platos, sino todo lo que pasa alrededor de ellos, como las manos, los espacios, la energía. Hoy forma parte de los colaboradores de Travesías haciendo magia con las fotos que ha podido tomar del mundo en que vivimos, en particular durante un viaje que hizo al Amazonas.

Hay muchas formas de entrar al Amazonas. Esta es, quizá, una de las más inesperadas: a bordo del Aqua Nera, un barco único que avanza lento y casi en silencio, lo que aleja por completo esta experiencia de la idea de una expedición. Aquí no se trata de conquistar la selva, sino de entenderla, de mirarla con atención. Dejar que sea ella la que marque el ritmo.

El punto de partida es Perú, pero rápidamente esto deja de importar. El barco se convierte en un todo: punto de observación, casa y pausa. Un lujo bien pensado, donde cada detalle parece diseñado para no interrumpir lo esencial. Porque el verdadero protagonista es el río y este marca los tiempos, la luz, los sonidos, incluso la forma en que respiras.

A bordo, el concepto de lujo cambia. Ya no es acumulación, sino sensibilidad. Espacios amplios, cultura local, mientras el Amazonas fluye con una calma engañosa y, adentro, todo invita a observarlo sin prisa. Es un diálogo constante entre interior y exterior.

En esta travesía, Ana Lorenzana, con su chispa colombiana tan única y ese don privilegiado que le dio la fotografía, nos cuenta cómo fueron sus días en este universo a través de su mirada que no sólo documenta, también transmite lo que es el Amazonas. Captura lo que muchas veces pasa inadvertido: la forma en que la luz se filtra entre las ramas, el reflejo casi perfecto del cielo en el agua, los silencios que también cuentan historias.

Los días empiezan temprano, llenos de neblina y sonidos difíciles de nombrar. Hay algo casi hipnótico en ese despertar. La selva, que a primera vista parece uniforme, comienza a abrirse por capas: movimiento, texturas, vida. Cada salida en lancha revela un nuevo detalle, como aves, árboles que parecen esculturas, reflejos que enseñan la línea entre lo real y lo imaginado.

También están las caminatas. La humedad que lo cubre todo, el aire, el terreno que exige presencia. Y luego, las visitas a comunidades locales, que aterrizan la experiencia y la sacan del imaginario. Porque el Amazonas no es sólo un paisaje remoto o una fantasía exótica; para muchos, es un hogar.

Ahí es que el viaje cambia de dimensión, cuando deja de ser contemplación y se vuelve conexión. Entender que este ecosistema, tan imponente como frágil, no existe para ser admirado desde lejos, sino para ser respetado en su complejidad.

Por eso esta travesía forma parte de 21 en total. Porque no se trata sólo de a dónde vas, sino de cómo lo vives. Porque redefine lo que entendemos por lujo: menos exceso, más conciencia; menos prisa, más presencia. Y, sobre todo, porque nos recuerda que algunos de los rincones más salvajes y hermosos del planeta no necesitan ser conquistados, sólo observados con la suficiente atención para realmente verlos.

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