Oceánida: remar 4,800 kilómetros para cruzar el Atlántico
Oceánida se convirtió en el primer equipo de mujeres en completar la odisea de cruzar el Atlántico remando.
POR: Iker Jáuregui
Cuando pensamos en cualquier gran hazaña, inevitablemente se nos viene a la cabeza el momento final de gloria, los últimos metros y la esperada conquista de un logro. El caso de Oceánida es tan sólo otro ejemplo. Tras haber recorrido 4,800 kilómetros y convertirse en el primer equipo latinoamericano en cruzar el océano Atlántico remando, lo que le dio la vuelta a las redes fue su ansiada llegada a la meta, bajo el sol del Caribe.
Aunque la imagen venía muy bien para envolverlo todo en un reel, también era muy difícil que nos quedara claro exactamente lo que esas cuatro mujeres –Ana Lucía Valencia, Andrea Gutiérrez, Eugenia Méndez y Lucila Muriel– habían logrado. Sobre todo, lo que habían tenido que pasar para ello.
“Llegar hasta donde estamos ha sido un mar –nos comparte Eugenia–. No solamente cruzar un mar en sí, también un mar personal y en equipo”. En el video corto no se podían ver los años de preparación, el esfuerzo y los meses a merced del mar. Tampoco las razones que las motivaron durante el largo camino ni lo mucho que el proceso las había transformado. Sin embargo, las cuatro coinciden en que volvieron a la superficie como personas por completo diferentes.
De hecho, hasta antes de formar el equipo prácticamente eran desconocidas entre sí. “No nos conocíamos, pero a raíz del proyecto nos unimos como amigas y compañeras, como hermanas”, dice Ana Lucía. Todas venían de mundos diferentes y se dedicaban a cosas muy distintas. En lo que sí coincidían es en que ninguna tenía la experiencia necesaria para afrontar el reto al que se habían comprometido.
“Ninguna de nosotras sabía remar. Nadie era navegante –nos cuenta Lucila–. Pero decimos mucho que no necesitas ser extraordinaria para lograr algo extraordinario”. No obstante, lo que hace falta para cruzar el Atlántico remando no es cosa menor. De ahí que hasta ahora nadie en Latinoamérica lo hubiera conseguido. No había un precedente y, por lo tanto, nadie que pudiera darles un poco de dirección, algún consejo, pero eso no las frenó.
La preparación comenzó en 2023, cuando el equipo ya estaba plenamente integrado por su alineación definitiva. El reto al que se enfrentarían desde luego requería un entrenamiento físico extenuante, con muchísimas horas en el gimnasio y remando en el mar. Sin embargo, la preparación psicológica fue incluso más importante. “No es sólo un reto físico, tu mente se expande y empiezas a abrir puertas que normalmente no estás acostumbrada a cruzar –dice Andrea–. Te obligas a pasar por una metamorfosis personal y duele. Duele crecer, pero es lo que este cruce me enseñó”.
El equipo encontraba la energía para prepararse y seguir adelante en las dos grandes causas que motivaron la creación de Oceánida: la equidad de género en Latinoamérica y el cuidado de los océanos. Así ha sido desde que el proyecto nació, como una idea en la mente de Eugenia, inspirada por las hazañas de otras mujeres exploradoras que hicieron travesías similares. El objetivo más importante era extender ese poder de inspiración a otras mujeres, para que cualquiera pudiera cruzar el umbral de sus propios retos.
“Desde chica siempre escuchas sobre estos personajes que inspiran y te mueven para lograr tus propios retos –asegura Andrea–. Saber que ahora yo puedo ser esa inspiración para alguien más es un gran honor”.
Tuvieron que pasar algunos años para que el sueño y la ambición se materializaran en el agua. Años de entrenamiento, preparación logística y búsqueda de financiamiento que finalmente las llevó hasta el puerto de La Gomera, en las islas Canarias, donde empezaba la otra parte de la historia.
Un cruce histórico
En diciembre de 2025, las cuatro integrantes de Oceánida finalmente llegaron hasta la línea de partida. Frente a ellas se extendía la infinitud de un océano. No verían tierra firme sino hasta el final de una ruta de 4,800 kilómetros que las llevaría a otro continente, en la isla caribeña de Antigua y Barbuda.
Su reto formaba parte de El Cruce, una de las carreras de remo oceánico más famosas del mundo, en la que otros equipos de diferentes orígenes se enfrentarían a la misma hazaña e intentarían atravesar el océano Atlántico remando. Oceánida era el único equipo de integrantes femeninas representando a Latinoamérica.
“Fue una travesía como el oleaje mismo: de altas y bajas –cuenta Lucila–. Pasamos por momentos de mucha lluvia, de mucha incomodidad, de dolor físico. Una vez casi nos volteamos. Estuvimos mucho tiempo bajo el sol intenso, a veces sin corriente ni viento que nos ayudara”.
El equipo pasó Navidad y Año Nuevo a bordo de La Chalupa, un pequeño bote de remos que se convirtió en su hogar en medio del mar abierto. Ahí comían, dormían y se alternaban en turnos de dos horas para remar por parejas, día y noche. Al final de una jornada, cada una acababa remando 12 horas, quemando más de 5,000 calorías y enfrentándose a un oleaje de hasta seis metros de altura.
Después de 45 días de esta intensa rutina, Oceánida llegó a la meta en el Caribe y se convirtió en el primer equipo de mujeres latinoamericanas en haber completado el reto. Las cuatro hicieron historia juntas y ahora, cada vez que lo cuentan, esperan servir como inspiración para que otras mujeres puedan alcanzar sus sueños.
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