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Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano: otra forma de viajar por nuestro país

Un collar de ámbar, una bolsa tejida o un huipil pueden ser el principio de un viaje. En la Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano, cada encuentro invita a conocer el lugar del que vienen las piezas y a las personas que las hacen.

POR: Paulina Espinosa

Creo que una de las cosas más interesantes que hay al trabajar en una revista de viajes, es conocer las diferentes maneras que hay de viajar. Hay viajes que empiezan desde que compras el vuelo y armas el itinerario en torno a uno o varios destinos. Otros que te sorprenden al no llevar claro muy bien qué harás. Otros en donde la arquitectura de una ciudad te deja sin palabras. Otros en donde la naturaleza es protagonista de todo. Y otros que empiezan con una pregunta: ¿de dónde viene esto? 

Así fue mi más reciente viaje a la Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano en Cancún. Lo que parecía una hacienda llena de puestos llenos de obras de arte, terminó siendo el recorrido más gratificante por la República Mexicana y una manera diferente de acercarme a México.

Es un hecho que puede ser abrumador ver tantas cosas y no saber en donde parar y en donde no. Visitar los talleres o conocer a todos los artesanos que están reunidos en un mismo lugar. Pero lo que no puede faltar al visitar cualquier feria, es la curiosidad. Eso te llevará a hacer preguntas como: quién lo hizo, cómo se trabaja, qué tuvo que pasar para que ese material terminara convertido en una pieza que alguien se llevará y claro, platicar con quien las hizo para saber todo lo que hay detrás.

El programa artesanal de la feria incluye desde maestros artesanos especializados en diferentes tipos de muebles, otros que hacen decoraciones como los famosos árboles de la vida, joyeros que trabajan piezas con ámbar, piedras preciosas o plata o textileros en telar de cintura y piezas con brocados a mano. 

Honestamente, es difícil elegir un favorito. Te quieres llevar absolutamente todo, más cuando platicas con las manos que lo crearon con tanta dedicación, pasión y con técnicas que han existido por miles de años.

Sin embargo, hubo una persona en particular que se convirtió en mi favorita: Suemi. Trabaja en el departamento de vestuario de Xcaret como costurera y platicar con ella fue emprender un viaje que comienza entre las alforzas de las camisas yucatecas. Aprendió a coser como un oficio transmitido de generación en generación, una manera de mantenerse ocupada que, con los años y la práctica, se convirtió en su carrera. Entre sus trabajos favoritos están los trajes de sastre: disfruta intervenirlos, desarmarlos y volverlos a hacer, entendiendo cómo se construye cada prenda. Escucharla hablar de costura me pareció la manera más increíble de conocer un poquito más a Yucatán desde otro lugar, a través de un conocimiento que pasa de unas manos a otras y encuentra nuevas posibilidades en cada pieza.

Después de hablar con Suemi, seguí recorriendo la feria con otras preguntas. Ya quería saber de qué comunidad venía cada artesano, quién le había enseñado y cómo era el lugar donde trabajaba. Entre una conversación y otra, me fui dando cuenta de cuántos lugares de México todavía me faltan por conocer y de las ganas que tenía de visitarlos después de escuchar a alguien hablar de ellos.

Quizás lo más bonito de recorrer la feria sea eso: llegar por una pieza y quedarse por la conversación. Saber quién la hizo, cómo aprendió y qué es lo que más disfruta de su trabajo. Después de escuchar, una vuelve a mirar el collar, la bolsa o el huipil y encuentra detalles que antes no había visto. Y dan ganas de conocer ese lugar del que te hablaron, de seguir preguntando. A veces, un viaje empieza así, con alguien que te cuenta un poquito del suyo.

 
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