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Esta es la forma más saludable de sentarte en un vuelo largo

Porque viajar en business no siempre es opción, estas posiciones pueden mejorar el dolor corporal.

POR: Paulina Espinosa

Existe una razón por la que después de un vuelo de 10 horas el cuerpo se siente raro. No solamente cansado: raro. La piel más seca, las piernas inflamadas, el cuello rígido, la digestión lenta y una extraña sensación de agotamiento mental incluso después de haber “descansado” durante gran parte del vuelo. Resulta que volar largas distancias sí altera al cuerpo mucho más de lo que pensamos y la mayoría de las personas sigue sobreviviendo vuelos intercontinentales de la peor forma posible.

La conversación sobre long-haul flights normalmente gira alrededor del jet lag o de cómo dormir mejor, pero expertos en postura, circulación y medicina de viaje coinciden en que el verdadero problema está en algo muchísimo más simple: permanecer inmóviles tantas horas.

Durante un vuelo largo, el cuerpo entra en una especie de “modo sedentario extremo”. La presión de la cabina cambia, la humedad baja drásticamente y la circulación se vuelve más lenta, especialmente en piernas y pies. Por eso tanta gente aterriza con zapatos más apretados o marcas profundas de calcetines. De acuerdo con especialistas, cuando los músculos de las piernas permanecen inactivos durante demasiado tiempo, la sangre y los líquidos comienzan a acumularse en las extremidades inferiores. 

Y aunque internet romantizó durante años la clásica pose de dormir recargado en la ventana, fisioterapeutas y especialistas en columna aseguran que probablemente es una de las peores posiciones posibles. Cruzar las piernas, encorvarse hacia adelante o pasar horas viendo pantallas con el cuello inclinado genera tensión muscular, presión en la zona lumbar y respiración más superficial.

La postura “ideal” en un avión, según expertos, se parece más a una posición neutral: espalda apoyada, pies planos en el suelo, rodillas en ángulo recto y soporte lumbar improvisado con una sudadera o almohada pequeña. Nada glamouroso, pero mucho más eficiente para evitar dolor muscular al aterrizar.

También cambió la percepción sobre los famosos accesorios de vuelo. Durante años las neck pillows en forma de U dominaron los aeropuertos, pero varios especialistas aseguran que muchas terminan empujando la cabeza hacia adelante y empeorando la tensión cervical. En cambio, cada vez más viajeros frecuentes prefieren soportes laterales, bufandas suaves o almohadas con soporte para barbilla. 

Pero el tema más serio sigue siendo la circulación. Médicos advierten que vuelos de más de cuatro horas pueden aumentar el riesgo de trombosis venosa profunda especialmente en personas con factores de riesgo previos. Por eso el consejo más repetido por doctores, flight attendants y viajeros obsesivos del wellness es sorprendentemente básico: levantarse. Caminar. Estirar piernas. Hacer círculos con los tobillos. Cualquier movimiento cuenta.

Y sí, los calcetines de compresión dejaron de ser exclusivos de adultos mayores porque ayudan a reducir inflamación y mejorar flujo sanguíneo durante vuelos largos. 

Al final, sobrevivir un vuelo largo ya no se trata solamente de entretenimiento o de intentar dormir. La nueva obsesión del viajero frecuente está mucho más ligada al bienestar físico: hidratarse más, moverse constantemente, evitar alcohol en exceso y entender que el cuerpo simplemente no fue diseñado para permanecer atrapado en una misma posición durante 12 horas seguidas.

 
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