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El Mundial terminó, pero ya puedes ir haciendo maletas para 2030

Termina un torneo y, casi inmediatamente, empiezan los planes para otro viaje.

POR: Iker Jáuregui

Si algo deja un Mundial cuando se apagan las luces del último estadio es la sensación de que cuatro años pasan demasiado rápido. Y mientras todavía queda por digerir lo ocurrido en 2026, la próxima cita ya tiene rumbo: en 2030, la Copa del Mundo viajará a España, Portugal y Marruecos para celebrar su centenario. Además, tres partidos conmemorativos se jugarán en Argentina, Paraguay y Uruguay, como homenaje al torneo que nació en Montevideo en 1930.

Para quienes quieren convertir el fútbol en una excusa para viajar, la edición de 2030 tiene una ventaja difícil de superar: buena parte de las sedes principales estarán a una distancia relativamente corta entre sí. Todavía quedan por confirmar algunos detalles de la organización y el calendario definitivo, pero España ya ha presentado 11 ciudades candidatas. Entre ellas están Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga, Bilbao, San Sebastián, Zaragoza, A Coruña y Las Palmas.

Entre todo, el próximo Mundial no sólo puede ser una ocasión ideal para ver el mejor futbol del mundo, sino también para viajar entre tres países, con culturas y paisajes imperdibles. Este es un itinerario básico para quienes quieran volver a vivir la fiebre de hace unas semanas.

Primera parada: Madrid

La capital es el punto de partida más natural para una ruta mundialista. Con dos estadios incluidos en la candidatura —el Santiago Bernabéu y el Metropolitano—, Madrid podría ser una de las grandes bases del torneo. Entre partido y partido, la ciudad ofrece una mezcla difícil de agotar: museos, barrios históricos, terrazas y una vida nocturna que parece diseñada para prolongar las celebraciones hasta el siguiente encuentro.

Después, Barcelona

El viaje continúa hacia el Mediterráneo para instalarse unos días entre fútbol, arquitectura y mar. La candidatura española contempla dos estadios en la ciudad y su área metropolitana, el Camp Nou y el RCDE Stadium. Aquí, el Mundial puede ser apenas una parte del itinerario: desde el modernismo de Gaudí hasta los barrios del centro histórico, Barcelona permite llenar los días en los que no haya partido.

Tercera escala: San Sebastián

Después del ritmo de las grandes capitales, la ruta puede cambiar de velocidad. Donostia combina playa, arquitectura y una de las escenas gastronómicas más interesantes de España, además de contar con el estadio de Anoeta como sede propuesta. Es el tipo de parada que permite recordar que seguir un Mundial no tiene por qué significar pasar dos semanas entre estadios y aeropuertos.

Cuarta parada: Marrakech

Para terminar la ruta, vale la pena cruzar el estrecho y cambiar por completo de escenario. Marruecos será uno de los tres países anfitriones del Mundial de 2030, junto con España y Portugal, y ofrece la oportunidad de añadir unos días de viaje que poco tienen que ver con el ritmo de las grandes ciudades europeas.

Marrakech puede ser el broche perfecto: perderse entre los zocos de la medina, recorrer los jardines de Majorelle y terminar el día en Jemaa el-Fna, cuando la plaza comienza a llenarse de puestos de comida y vida callejera. El fútbol queda entonces como una excusa para descubrir otra cultura, otra gastronomía y otro paisaje.

La ciudad, además, permite que el viaje termine con una sensación completamente distinta a la de Madrid o Barcelona: después de seguir partidos entre estadios, trenes y aeropuertos, unos días en Marrakech pueden funcionar como una pausa antes de regresar a casa.

Y si lo que se busca es seguir el torneo de la manera más futbolera posible, Portugal también merece un lugar en el mapa. Lisboa sería una alternativa natural para sustituir alguna de las escalas españolas: una ciudad compacta, atravesada por el Tajo y con una larga tradición futbolística. Así, una ruta ideal podría quedar en Madrid, Barcelona, Lisboa y Marrakech, cuatro ciudades que permiten recorrer tres países anfitriones y convertir el Mundial en algo más que una sucesión de partidos.

Porque todavía falta mucho para 2030, pero el mapa ya está dibujado. Y quizá esa sea una de las mejores cosas de un Mundial: que termina un torneo y, casi inmediatamente, empiezan los planes para otro viaje.

 
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