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¿Un bosque certificado como sanador? Está en Portugal

Está ubicado en Luso, dentro del municipio de Mealhada, es el primer bosque terapéutico.

POR: Paulina Espinosa

Hay viajes que parecen diseñados para devolvernos algo que habíamos perdido entre pendientes, pantallas y ciudades. En el centro de Portugal existe ahora un lugar que lleva esa idea un paso más allá: la Mata Nacional do Bussaco se convirtió en el primer bosque terapéutico certificado de la Península Ibérica y en uno de apenas cuatro que cuentan con esta distinción en el mundo.

Pero la noticia no está solamente en que Portugal tenga un nuevo atractivo de wellness. Lo verdaderamente interesante es la manera en que este bosque de 105 hectáreas está intentando convertir el contacto con la naturaleza en una experiencia con objetivos terapéuticos concretos.

Ubicado en Luso, dentro del municipio de Mealhada, Bussaco reúne alrededor de 250 especies de árboles y arbustos y es considerado uno de los conjuntos dendrológicos más importantes de Europa. Su certificación fue otorgada el 17 de julio de 2026 por el Healing Forest – International Certification Office y tendrá vigencia hasta 2031, cuando deberá someterse nuevamente al proceso de evaluación.

No cualquier bosque puede ser terapéutico

La idea puede sonar casi romántica: entrar a un bosque, respirar profundo y sentirse mejor. Sin embargo, la certificación de Bussaco tiene poco de improvisada.

Para que un espacio natural pueda recibir esta categoría debe cumplir una serie de condiciones específicas. Entre ellas están contar con buena calidad del aire, estar protegido del ruido, ofrecer cierta protección frente al viento y tener senderos con diferentes niveles de dificultad. También debe tener áreas destinadas a ejercicios de relajación y actividades terapéuticas, además de contar regularmente con profesionales capacitados para dirigirlas.

La diferencia es importante: un bosque terapéutico no significa simplemente que “estar entre árboles es bueno para la salud”. Se trata de un entorno natural preparado para acompañar programas que buscan objetivos específicos de bienestar y salud, bajo la guía de terapeutas especializados.

De acuerdo con la organización responsable de la certificación, estas intervenciones pueden complementar tratamientos relacionados con padecimientos cardiovasculares, respiratorios, ortopédicos, psicosomáticos y neurológicos.

Una tradición japonesa que llegó a Europa

Mucho antes de que el wellness convirtiera los bosques en destinos de viaje, Japón ya había encontrado una manera de relacionarse con ellos.

El shinrin-yoku, conocido como “baño de bosque”, surgió en Japón en la década de 1980 y propone algo mucho más sencillo de lo que su nombre podría sugerir: pasar tiempo en un entorno forestal prestando atención a los sentidos, al ritmo de la respiración y al paisaje, en lugar de recorrerlo con prisa.

La práctica ha despertado un creciente interés científico. Diversas revisiones han encontrado asociaciones entre la exposición a bosques y mejoras en algunos indicadores físicos y psicológicos, incluidos estrés, ansiedad, estado de ánimo, presión arterial y determinados marcadores fisiológicos. 

Un bosque con siglos de historia

Bussaco tampoco es un escenario natural creado recientemente para responder al boom del wellness. Su historia comienza en el siglo XVII. En 1628, la Orden de los Carmelitas Descalzos estableció ahí un espacio dedicado a la oración y al aislamiento. Con el paso del tiempo, el bosque fue adquiriendo una extraordinaria diversidad botánica, incluyendo especies provenientes de otras partes del mundo.

Durante el siglo XIX se añadieron jardines y lagos, y el arquitecto italiano Luigi Manini diseñó el palacio que hoy se conoce como Palace Hotel Bussaco. Dentro de la propiedad también sobreviven las ruinas del antiguo convento, un museo militar, el Valle de los Helechos y el llamado Bosque Relicto, una zona que conserva especies nativas y una estructura forestal particularmente valiosa.

 
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