Hay noches en las que la copa en la mano no es un detalle menor: es parte de la experiencia. El 30 de abril, en General Prim, Ciudad de México, la revista Travesías celebró la primera edición de 21 Travesías: una noche que reunió a fotógrafos de vida salvaje, surfistas de olas gigantes, apneístas récord, nómadas digitales y creadores de contenido bajo una misma pregunta: ¿qué significa viajar de verdad? La respuesta llegó en forma de 21 reconocimientos que celebraron proyectos capaces de convertir el desplazamiento en algo mucho más profundo. Y mientras se entregaban esos premios, Chivas Regal se encargó de que todos disfrutaran de un buen drink.
Su barra fue uno de los puntos de encuentro de la noche, y la carta que presentó contó su propia historia de viaje: destilados de cuatro rincones del mundo convertidos en cócteles con nombre propio. Porque si algo sabe hacer Chivas Regal, es entender que una buena copa no se toma sola, se toma en el momento, en el lugar, y con la gente correcta.

El whiskey llegó desde Escocia en su forma más suave y cristalina, Chivas Regal Crystal Gold, el cual fue protagonista de cuatro preparaciones distintas. Desde el clásico On the Rocks —hielo, nada más— hasta el Fashioned, con jarabe natural y Angostura Orange Bitter que suaviza sin opacar. El Spicy Gold con soda de pomelo y jarabe de jalapeño para los que prefieren que su trago tenga carácter, y el Sour Fresa, con clara de huevo, jugo de limón amarillo y jarabe de fresa y frambuesa, fue la opción más sorpresiva de la noche. Cuatro formas de entender un mismo espirituoso, cuatro razones para quedarse un rato más en la barra.
Desde Suecia llegó Absolut Vodka en tres versiones que cubrieron todos los estados de ánimo. El Bloody Mary con Absolut Tabasco, jugo de tomate, limón y salsas negras, para los que buscan algo con fuerza desde el primer trago. El Refresh, la opción más versátil de la carta: vodka con la bebida que cada uno eligiera, desde tónica hasta naranjada, porque no siempre hay que complicarlo. Y el Mule con ginger beer y limón, ese drink que siempre funciona y que en una noche como esta, rodeado de exploradores y aventureros, tenía todo el sentido del mundo.

Representando Cuba, Havana Club 7 años en dos recetas que no necesitan presentación: el mojito, con menta, azúcar y agua mineral, y el cuba libre, con limón y Coca-Cola. Clásicos que lo son por algo, y que en la barra de 21 Travesías recordaron que hay tragos que han sobrevivido décadas porque simplemente no tienen falla. La misma lógica que aplica a las mejores travesías: las que resisten el tiempo son las que se cuentan una y otra vez.
México también tuvo su lugar en la carta, y doble. Ojo de Tigre, mezcal jalisciense, apareció en tres preparaciones que mostraron su versatilidad: el Mule de Tigre con jengibre y agua mineral, el Claw Old Cuban con hierbabuena y espumoso, y el Pink Tiger, el más vistoso de los tres, con puré de frambuesa, clara de huevo y jugo de limón. Para cerrar el recorrido, Altos Tequila en dos versiones: la Tommy’s Margarita, con miel de agave y limón, y la Crafted Paloma, con jugo de toronja, miel de agave y una pizca de sal que lo equilibra todo. Un cierre mexicano para una noche que, en el fondo, siempre fue profundamente mexicana.
Una carta que, sin proponérselo, hizo exactamente lo que hace una buena travesía: recorrer el mundo en cada drink. Escocia, Suecia, Cuba y México en una misma noche, en una misma barra, entre personas que entienden que moverse por el mundo y saber lo que uno toma son, en el fondo, parte del mismo oficio. En 21 Travesías, Chivas Regal no solo sirvió cócteles: sirvió el espíritu de la noche.
