El staycation propone un gesto casi subversivo en el mundo moderno de los viajes: no ir a ningún lado en el momento en que justamente puedes hacerlo. O mejor dicho, quedarse y redescubrir. La tendencia, que ganó fuerza en los últimos años, no es solo una alternativa económica o práctica, sino una invitación a mirar con ojos nuevos lo que damos por hecho. Convertirse en turista de la propia ciudad. Y si hay un momento ideal para hacerlo, es esta Semana Santa.
Sobre todo si estás en la Ciudad de México, una de las metrópolis más vibrantes del mundo. Esta temporada tiene un efecto curioso: la ciudad se vacía. Miles de capitalinos salen rumbo a la playa o a pueblos cercanos, dejando atrás avenidas más fluidas, museos menos concurridos y restaurantes donde, por una vez, no hay que esperar ni hacer reservaciones. Es entonces cuando la ciudad baja el volumen y permite recorrerla de otra forma: sin prisas, sin tráfico, sin multitudes. Un auténtico lujo silencioso.

Quedarse en casa, incluso sin salir de tu propio barrio, durante estos días puede ser una forma distinta de viajar. Caminar por el Centro Histórico temprano por la mañana, escuchar el eco de los pasos en calles que normalmente están desbordadas, entrar a un museo sin filas, o sentarse en una terraza casi vacía.
El staycation tiene algo de reivindicación: no hace falta cruzar fronteras para descubrir belleza. A veces basta con cambiar el ritmo, modificar la mirada y permitirse explorar sin la presión de la vida urbana o de un itinerario.
Planes para un staycation en Ciudad de México
Esta Semana Santa puedes redescubrir la Ciudad de México en un paseo por las calles del Centro. Subir al Museo Nacional de Arquitectura en la última planta de Bellas Artes, explorar las librerías y tiendas de fotografía de Donceles, pasar por el Estanquillo y acabar en la terraza de Charco, con vistas a la Catedral.
Seguramente las salas del Museo Nacional de Antropología o el Museo Tamayo estarán más vacías de lo normal. Una oportunidad perfecta para recorrerlas con calma, deteniéndote a observar cuartos que normalmente recorrerías rápido. Ser turista en tu propia ciudad te permite cambiar la perspectiva y ver con ojos nuevos esos lugares que ya creías conocer a la perfección.

Ahora que el ritmo baja, también puedes aprovechar para acercarte a la escena gastronómica que ha tomado por completo la ciudad, pero que también se ha ido saturando cada vez más. Con la capital vacía es el momento perfecto para ir a los restaurantes de momento, sin necesidad de largas esperas o reservas imposibles.