Italia

Los turistas tendrán que pagar para ver la Fontana di Trevi

A partir de febrero de 2026, se cobrará una tarifa para quienes quieran descender hasta el límite de la fuente.

POR: Iker Jáuregui

La Fontana di Trevi es uno de los mayores íconos de Roma. Una gran obra barroca que irrumpe sin aviso en pleno centro de la ciudad y guarda todo tipo de mitos y leyendas. Desde aquel viejo ritual que promete el regreso a la Città Eterna arrojando una moneda, hasta la mítica escena de la Dolce Vitta de Fellini, cuando Anita Ekberg entra a nadar en la fuente. Quien pisa la capital italiana, usualmente quiere ser parte de la escena, pero a partir de febrero de 2026, quienes quieran acercarse hasta los peldaños que flanquean la fuente y sentir de cerca el murmullo del agua, deberán pagar una pequeña tarifa.

La decisión, anunciada por las autoridades municipales tras un periodo de prueba y debate que comenzó ya en 2024, busca responder a un desafío que muchos viajeros reconocerán: la multitud infinita que, día tras día, invade la plaza, dificultando disfrutar realmente de la maravilla escultórica de finales del siglo XVIII. En 2025 se contabilizaron más de 10 millones de visitantes anuales, con picos que superaban los 70,000 diarios en temporada alta. Las multitudes no sólo desgastaban el patrimonio, sino también la experiencia misma.

Fuente de Trevi en Roma. Foto: Chistopher Czermak

Así, desde el 2 de febrero de 2026, Roma ha instaurado un cargo de 2 euros para quienes no residen en la ciudad y quieran descender por las escaleras hasta el nivel de la fuente —el lugar tradicional para las fotos, la puesta de monedas y la contemplación íntima del monumento— durante las horas en que normalmente se concentra la mayoría de turistas. El acceso desde la piazza superior sigue siendo gratuito, al igual que fuera del horario de cobro (desde las 11:30 AM entre semana, y desde las 9:00 AM los fines de semana, hasta las 22:00 PM).

La tarifa no es solo una barrera: es también una herramienta para gestionar el flujo de visitantes y generar recursos concretos para la preservación de la fuente y otros bienes culturales que requieren atención constante frente al desgaste del turismo masivo. Según estimaciones municipales, la medida podría aportar alrededor de 6,5 millones de euros al año dedicados al mantenimiento y mejora de la experiencia del visitante.

Desde luego, la medida ha generado controversia. No todos están de acuerdo con monetizar el acceso a un símbolo tan arraigado de la ciudad: para algunos, el patrimonio colectivo debería ser gratis. Pero, en una capital donde historia y modernidad conviven a cada paso, este pequeño peaje abre muchísimas posibilidades para la gestión de monumentos, sitios de interés y turismo masivo en todo el mundo.

 
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