El Gran Museo Egipcio no es solo el museo más esperado de los últimos años, es el proyecto cultural más ambicioso que ha hecho Egipto en décadas. Está frente a las pirámides de Giza, con una arquitectura minimalista y monumental al mismo tiempo, pensada para que el pasado y el presente convivan sin esfuerzo.
Aquí no vienes solo a ver piezas antiguas. Vienes a entender cómo una civilización que existió hace miles de años ya dominaba el arte, la ingeniería, el poder simbólico y la narrativa visual como pocos imperios en la historia. Y dentro de todo lo que hay en el museo, estas son las obras que realmente marcan la experiencia.

La máscara funeraria de Tutankamón
La máscara de Tutankamón es probablemente la obra más famosa del antiguo Egipto. Está hecha de oro macizo, con incrustaciones de piedras semipreciosas, y su nivel de detalle sigue sorprendiendo incluso en 2026.

El ajuar funerario completo de Tutankamón
Por primera vez, el museo reúne el ajuar funerario completo del faraón. Son más de 5,000 objetos que lo acompañaron en su tumba: muebles, joyas, cofres, amuletos y piezas cotidianas transformadas en objetos sagrados.
Lo interesante aquí no es solo la cantidad, sino lo que quieren decir: los egipcios no pensaban la muerte como un final dramático, sino como un viaje que requería preparación. Todo tenía una función e intención.

El trono de oro de Tutankamón
El trono es una de las piezas más delicadas del conjunto. En él aparece una escena íntima entre el faraón y su esposa bajo los rayos del dios Atón.

Los sarcófagos dorados de Tutankamón
Uno dentro de otro, como capas de protección simbólica, los sarcófagos muestran un nivel de técnica muy impresionante. El más interno está hecho de oro y refleja el deseo de preservar no solo el cuerpo, sino la esencia divina del faraón.

La estatua de Ramsés II
La figura monumental de Ramsés II es una de las primeras piezas que impactan al entrar. Tallada en granito rojo, transmite fuerza, estabilidad y una sensación muy clara: aquí gobernaba alguien que quería ser recordado. Ramsés II fue uno de los faraones más poderosos y estratégicos del Imperio Nuevo.

El barco solar de Keops
El barco solar de Keops es una de las piezas más impresionantes del museo. Fue enterrado junto a la gran pirámide para acompañar al faraón en su viaje celestial con el dios Ra. Lo impresionante no es solo su tamaño, sino su precisión técnica. Es una embarcación real, construida hace más de 4,500 años, desmontada y preservada.

La paleta de Narmer
La paleta de Narmer es una de las piezas más antiguas del museo y una de las más importantes históricamente. Representa la unificación del alto y bajo Egipto, uno de los momentos fundacionales del estado egipcio.

La estatua de Hatshepsut
Hatshepsut fue una de las pocas mujeres que gobernó como faraón. Sus representaciones mezclan rasgos femeninos con la iconografía tradicional masculina del poder real. Su presencia en el museo recuerda que incluso en un sistema jerárquico, hubo espacio para redefinir el liderazgo.

La tríada de Menkaure
La tríada de Menkaure muestra al faraón acompañado por la diosa Hathor y una deidad local. Representa algo muy claro: el faraón no gobernaba solo, su poder estaba respaldado por lo divino.

La gran escalinata y sus estatuas monumentales
Uno de los espacios más impactantes del museo es la Gran Escalinata, donde se exhibe una colección de estatuas enormes que recorren distintas dinastías. Es casi un paseo cronológico por la evolución del poder y la estética egipcia.