27 restaurantes mexicanos con una carta de vino excepcional

Cartas de buen vino nacional e internacional que se han diseñado con la gastronomía en mente.

12 Mar 2026

La gastronomía ha jugado un papel crucial en la transformación del vino en México. Muchos de los principales impulsores de que exista más y mejor producto nacional han sido cocineros que buscan el maridaje preciso para sus proyectos culinarios. De ahí que también han recorrido el mundo en busca de etiquetas que hagan el match perfecto con sus ideas.

Anita Li

Guadalajara

Anita Li es la hermana coqueta del restaurante tapatío I Latina y uno de los sitios con más cuidado en su selección de cava, desde su apertura en 2007, en la avenida Inglaterra de Guadalajara.

Jerry Cendejas, Jorge Martínez, María José y Loreta Zertuche son parte del crew que conceptualizó este espacio de cocina, el cual fusiona lo mexicano con lo asiático y que sigue la guía de Jerry en lo referente a la enología.

Apasionado del vino natural y al frente de la importadora Vinos Libres, Cendejas acerca proyectos como la austriaca Gut Oggau, el trabajo comunitario del valenciano Mariano Cueva, la viticultura biodinámica de la familia de Priorat Nin-Ortiz y los mexicanos de baja intervención de Altos Norte y Garambullo.

Más que volumen, actualmente en Anita Li la selección de proyectos prioriza los vinos naturales, guiados in situ por la sommelier Daniela Rzysko, quien sugiere qué puede ir mejor con cada momento.

“Creo que acá hay cierta curiosidad e intriga por probar cosas nuevas y vinos con un perfil más ligero y uvas no tan conocidas. Se han animado a quitarle el abrigo y la ropa al vino para tener una relación íntima, y eso me gusta mucho. Yo diría que esos son los tres pilares: vinos menos corpulentos, uvas no tan conocidas y productores intrigantes que se puedan expresar por medio del vino”, nos comparten.

ARCA

Tulum

En ARCA, el vino se bebe como se vive el lugar: al aire libre, relajado y con atención al origen. La carta se construye desde la afinidad con el entorno, apostando por vinos ligeros, de perfil natural y carácter expresivo, pensados para el clima cálido y una cocina marcada por el fuego. Aparecen etiquetas mexicanas de mínima intervención, como un tempranillo de Guanajuato, que funciona por su frescura y tensión, así como tintos de syrah y monastrell, elegidos por su versatilidad y notas especiadas que dialogan con carnes y vegetales asados. Los blancos, entre ellos sauvignon blanc, destacan por su acidez, ideales para mariscos y platos más sutiles. Aquí, el vino no busca solemnidad ni grandes gestos: acompaña el ritmo de la mesa, el humo de la parrilla y la humedad de la selva. La selección cambia, se mueve y responde a la temporada, reforzando una experiencia en la cual la copa es parte del paisaje y no un elemento aislado.

Au Pied de Cochon

Ciudad de México

Au Pied de Cochon ocupa un lugar particular dentro del ecosistema del vino en México gracias a que tiene una de las cavas más reconocidas en múltiples ocasiones por Wine Spectator y se distingue por una sólida selección de vinos franceses clásicos, con etiquetas de regiones como Borgoña, Burdeos y Champaña. En ella suelen encontrarse maisons emblemáticas, como Louis Roederer, Bollinger o Taittinger entre los espumosos, así como productores reconocidos de Borgoña y Burdeos. Más allá de la carta, Au Pied de Cochon ha funcionado durante años como una escuela para sommeliers y aficionados, lo que incrementa el nivel del servicio, el maridaje y la conversación en torno al vino. En 2025, su relevancia se mantiene a partir de cómo ha contribuido a profesionalizar la cultura vinícola en México, con su selección de 2,500 etiquetas y alrededor de 40,000 botellas, demostrando que el vino se entiende mejor cuando se sirve con conocimiento, constancia y respeto por su origen.

Bar Nino

Ciudad de México

Isabel Castillo y Michael Crespo, las mentes detrás del ya conocido Hugo el Wine Bar, abrieron su nueva propuesta gastronómica el año pasado, siguiendo las directrices de renovar el concepto del bistró con una determinada influencia europea, una carta concisa, un ambiente relajado y buen vino. Y cuando decimos “buen vino”, no lo hacemos a la ligera. En ese frente, Gus Gosson se ha encargado de mantener una carta tan amplia que uno puede volver una y otra y otra vez, y siempre encontrar una buena sorpresa para beber.

En Bar Nino, las protagonistas, además del pastel de tres leches, son las pastas, que se complementan a la perfección con su amplio menú de vinos por copeo. La cava está formada en su mayoría por etiquetas naturales, sin embargo, hay opciones de un perfil un poco más tradicional, muchas provenientes de bodegas familiares italianas, como Rosso di Valtellina, un nebbiolo de la bodega Ar.Pe.Pe, o un sangiovese de Chiara Condello, elaborado en Emilia-Romaña.

Bu’ul

Punta Maroma

Esta es la versión tropical del reconocido chef Jorge Vallejo, también a cargo del multipremiado restaurante Quintonil, quien trajo hasta la paradisiaca playa de Punta Maroma su filosofía culinaria de producto y tradición, para aplicarla a los sabores del sureste mexicano.

La experiencia enológica de Bu’ul, liderada por el sommelier Michael González, es el complemento perfecto. La cava del restaurante insignia de Chablé ha sido reconocida como una de las mejores en la región por autoridades globales, como The World of Fine Wine. Entre las joyas más especiales de su extensa selección se cuentan colecciones verticales únicas en su tipo. Además colaboran constantemente en catas y eventos especiales con sommeliers y chefs invitados, como el chef Yair Franco de Elotl, en Berlín, o Steven Molnar de Quetzal, en Toronto.

Café des Artistes

Puerto Vallarta

En Café des Artistes, el vino es una pieza central de la experiencia gastronómica. Su cava (una de las más importantes de Puerto Vallarta) reúne más de 400 etiquetas y alrededor de 2,000 botellas, con una curaduría que equilibra grandes casas internacionales y proyectos vinícolas mexicanos. La carta recorre regiones clásicas, como Francia, Italia, España y Argentina, con presencia de varietales como cabernet sauvignon, pinot noir, nebbiolo y malbec, junto a blancos y espumosos. México ocupa un lugar relevante, con etiquetas destacadas de Valle de Guadalupe, como Jardín de Tru o fincas de pét-nats, o de Guanajuato, como Tres Raíces, elegidas por su carácter y versatilidad en la mesa. Aquí, cada vino responde a una intención: acompañar, sin imponerse, la cocina de autor del chef Thierry Blouet.

CANA

Ciudad de México

Isabella Freydell tiene muy clara la filosofía detrás de la selección de vinos en CANA: el cuidado de la tierra y de las personas que la trabajan, la búsqueda de vinos que reflejen el momento específico del lugar del que provienen, así como vinos correctos. Su formación en grandes restaurantes –donde el vino es una parte central de la experiencia en la mesa– es evidente, pero también lo es su curiosidad constante y su deseo de seguir aprendiendo, cualidades que han permitido que la propuesta vinícola del restaurante crezca y se afine año con año. “Estamos todos tomando más vino que es de aquí en todos los sentidos. Cultivado aquí, pero también hecho por productores, que no tratan de imitar vinos de otro lugar sino de reflejar su terroir único, que sabe y refleja lo que es México”, explica.

En CANA, el vino dialoga de manera natural con la cocina, que comparte la misma convicción: poner al ingrediente y a la tierra en el centro del relato. Esa coherencia se percibe tanto en la carta –amplia en estilos, regiones y rangos de precio– como en la experiencia en el salón. Más allá de las etiquetas, lo que distingue a CANA es el trabajo del equipo: cercano, atento y genuinamente interesado en guiar al comensal. Explican, sugieren y acompañan, no sólo para entender lo que se está bebiendo, sino para invitar a explorar caminos menos obvios, salir de la zona de confort y descubrir propuestas que siempre terminan como gratas sorpresas.

Contramar

Ciudad de México

Uno llega a Contramar sabiendo cuáles son los clásicos: la tostada de atún, el pescado a la talla –rojo y verde– y ese postre de merengue que cierra la experiencia; platillos convertidos en íconos, protagonistas de redes sociales y presentes en el menú desde hace años. Lo que no se mantiene igual es la carta de vinos, que, a diferencia de los platos, ha evolucionado de manera constante.

Nada de esto es casualidad. Es el resultado del trabajo sostenido de Armando Camacho y su equipo, enfocado en construir una selección cada vez más cercana al campo, más alineada con la escena contemporánea del vino y más fiel a lo que hoy sucede en las viñas de México y del mundo.

Actualmente, la carta se compone en gran medida de etiquetas mexicanas, acompañadas por vinos de regiones como España e Italia. La relación de Camacho con los productores es tan estrecha como la que Contramar mantiene con quienes abastecen su cocina. Prueba de ello es el vino creado especialmente para el restaurante por Vinos Barrigones. Si lo ven en la carta, la recomendación es clara: no hay que dejarlo pasar.

Don Artemio

Saltillo

La propuesta de vinos en Don Artemio parte de una idea clara: contar el Norte por medio de la copa. Su carta tiene una fuerte presencia de vinos mexicanos, especialmente de Coahuila y Valle de Guadalupe, seleccionados por lo bien que se llevan con su cocina, que trabaja el territorio, la memoria y el fuego. A lo largo de la carta aparecen tintos de buena estructura y blancos con acidez marcada. La oferta se complementa con vinos internacionales, como bodegas Comenge, integrados para aportar contraste sin romper la coherencia de su cava, que con más de 30 bodegas exclusivas de vino coahuilense funciona como un homenaje al desierto.

Fauna

Valle de Guadalupe

El proyecto gastronómico de los chefs David Castro y Maribel Aldaco, dentro de los límites de la vinícola Bruma, se enfoca en su entorno, de donde obtiene inspiración, ingredientes y dirección. No por nada, Fauna tiene una conexión natural, prácticamente congénita, con el vino.

Con una cocina que sirve como homenaje a la Baja, por medio de sus técnicas y productos más emblemáticos, Fauna es el aparador perfecto para la uva de Valle de Guadalupe. La carta se forma con los vinos de casa, producidos en Bruma de la mano de la enóloga Lulú Martínez Ojeda, incluyendo sus etiquetas más emblemáticas: Plan B, Bastardo y 8.

Finca Altozano

Valle de Guadalupe

Finca Altozano ha sido, desde su apertura en 2012, uno de los espacios que mejor ha traducido el espíritu de Valle de Guadalupe a la mesa. Más que un restaurante, funciona como un punto de encuentro entre comida, paisaje y vino mexicano. Bajo la visión de Javier Plascencia, el menú se construye a partir de ingredientes locales, técnicas simples y una adaptación contemporánea del recetario del norte del país, siempre pensado para acompañarse con vino de la región. Su carta privilegia etiquetas de Valle de Guadalupe, con una selección que cambia según la temporada y la disponibilidad, reflejando el ritmo real del campo y las bodegas cercanas. La carta incluye desde vinos clásicos de Monte Xanic, como Gran Ricardo, Calixa y ediciones limitadas, hasta selecciones de vinícolas boutique, como Las Nubes, Coyote del Valle o Madera 5. En Finca Altozano, su valor está en la manera en que ha normalizado comer bien y beber vino mexicano.

Gran Cru

Monterrey

Si en algún sitio de Monterrey y sus alrededores saben de vino, es en Gran Cru, el proyecto personal del sommelier y restaurantero francés Ludovic Anacleto, quien ha impreso las influencias de sus raíces en un espacio que, tan pronto como entras, se siente como un auténtico viaje a París.

Además de elegantes detalles en su diseño, dignos de cualquier bistró tradicional, y un menú que se compone de clásicos como un filete Rossini o la soupe à l’oignon, las costumbres francesas de Grand Cru se extienden, sobre todo, al vino.

La cava es la especialidad de la casa, con una amplia selección de más de 100 etiquetas que desde luego se centra en lo mejor del vino francés, con botellas de productores míticos, como Château Pichon Baron y Olga Raffault, pero también con recorridos por las principales regiones de España, Italia y México.

Kuuk

Mérida

Kuuk se ha consolidado como uno de los restaurantes clave para entender la alta cocina mexicana contemporánea en Mérida. Ubicado en una casona restaurada, el proyecto del chef Pedro Evia parte de una investigación profunda del recetario yucateco para reinterpretarlo con su propio toque. Esa misma lógica se traslada a su propuesta de vinos, con una cava amplia y cuidadosamente curada por los sommeliers Roberto Carvente, Karla Fernández y Alejandro Martínez, que acompaña la complejidad de sus menús degustación. La selección incluye etiquetas mexicanas de regiones como Coahuila, Baja California y Guanajuato, con bodegas como Bodegas del Viento, Tres Raíces o Torres Alegre y Familia, junto con vinos internacionales pensados para equilibrar especias, acidez y texturas.

La Docena

Guadalajara y Ciudad de México

Tras más de una década de recorrido, con sucursales en Guadalajara y Ciudad de México, la fama de La Docena se sostiene en la consistencia de su producto y de un concepto relajado y cálido, perfecto para largas sobremesas. Desde luego, una parte esencial de ese combo ganador es el vino.

La cava de La Docena se forma con una cuidadosa selección de etiquetas ligeras y frescas que le vienen bien a la propuesta del chef Tomás Bermúdez. La idea es darle también versatilidad al maridaje, que debe adaptarse tanto a platillos que salen del famoso oyster bar como a opciones de la parrilla.

La cosecha mexicana es la protagonista. Aquí caben vinos como Plan B, un tinto de Bruma con el perfil mineral típico de Valle de Guadalupe. También abundan las opciones ligeras, como el rosé de La Concha.

Le Chique

Bahía Petempich, Puerto Morelos

Desde que una margarita llega a la mesa, convertida en una esfera que explota en la boca como un “coctel” de bienvenida, queda claro que la propuesta de Le Chique es la de incorporar el mundo líquido como si se tratara de un alimento más. Esto también se aplica a los maridajes: una selección de vinos marcada por lo que ocurre en la cocina. ¿Ejemplos? Una copa de Jerez que llega a la mitad del camino para acompañar un plato con foie, burbujas en momentos clave y tintos robustos para los platos más complejos del menú degustación que le han valido una estrella, como un mole brillante como la noche. La cocina marca la dirección y el maridaje le sigue. Para quien no desea seguir la pauta marcada por los maridajes sugeridos, también tienen una opción sin alcohol.

Masala y Maíz

Ciudad de México

La carta de vinos de Masala y Maíz se mueve con la misma libertad que su cocina. Lejos de etiquetas convencionales, aquí predominan vinos de mínima intervención, naturales o de baja manipulación, pensados para dialogar tanto con platos de sabores complejos y potentes, como los camarones con morita y ghee de vainilla, como con preparaciones más sutiles, como su panacotta de té de limón con yogurt o la gelatina de agar agar con agua de rosas.

Esta selección, profundamente alineada con la filosofía del restaurante, entiende el vino como parte activa del relato. Muchas de las botellas provienen de productores pequeños e independientes, con perfiles audaces y poco obvios: burbujas inquietas, tintos ligeros, blancos de acidez marcada que funcionan con especias, grasas y contrastes sin imponerse nunca.

Máximo Bistrot

Ciudad de México

Uno de los consentidos de Ciudad de México, principalmente por la propuesta gastronómica que el chef Eduardo García ha ideado, a medio camino entre sus raíces mexicanas y toda la influencia que adquirió trabajando en algunos de los mejores restaurantes del mundo, como Le Bernardin en Nueva York.

La dualidad de una visión híper local que no ignora el entorno global también se transmite a su carta de vinos, reconocida por Star Wine List, formada a partir de una fuerte presencia europea, con representación de las regiones vinícolas históricas de Francia, España o Italia, que también explora rincones menos tradicionales, como Australia y, desde luego, México.

En Máximo, la selección del vino rota para empatarse con un menú que cambia día a día, guiándose por lo mejor de la temporada, pero en la que siempre abunda la frescura: tanto naranjas, rosados y blancos como un chardonnay de Vinos Lechuza, e incluso tintos, como un pinot noir muy frutal de la bodega borgoñesa Vignoble de Pauline.

Meroma

Ciudad de México

Ir a Meroma y pedir una botella de vino sin platicar antes con Rodney Cusic tiene poco sentido. Chef y copropietario del restaurante, Rodney es también el eje de su propuesta vinícola. No es un sommelier de formación académica, pero sí una de las personas con las que más se disfruta hablar de vino en Ciudad de México.

Su conocimiento nace de una relación directa y constante con importadores y productores, de viajes a distintas regiones vinícolas y, sobre todo, de un interés genuino por ampliar y afinar la selección de vinos de Meroma de manera permanente.

La carta se construye a partir de etiquetas de todo el mundo, con estilos diversos y pensados para distintos paladares, pero con un criterio muy claro: vinos que dialogan perfectamente con la cocina del restaurante. Platillos de acidez marcada, múltiples texturas y cero miedo al sabor encuentran aquí acompañantes precisos y bien elegidos.

Beber en Meroma es un placer tanto por la diversidad de su selección como por la forma en que Rodney explica cada vino, sin solemnidad ni un discurso rígido. Para quien quiera entender un poco más –o mucho más– de vino, la recomendación es clara: sentarse en la barra, dejar que Rodney se acerque y prepararse para una clase informal, con una de las catas más relajadas y divertidas que se pueden tener en la ciudad.

Morton’s

Ciudad de México

Su carta de vinos ha sido reconocida por Wine Spectator por la solidez y consistencia de su selección, pensada para acompañar los cortes de carne que uno esperaría probar en una steakhouse. Como ya se podrán imaginar, predominan los tintos de gran estructura, con especial énfasis en cabernet sauvignon, merlot y blends clásicos, principalmente de Estados Unidos (valle de Napa), ideales para carnes añejadas y puntos de cocción precisos.

La carta se complementa con blancos, espumosos y opciones más ligeras, que permiten equilibrar el menú y acompañar desde mariscos hasta entradas. Más que buscar cosas nuevas, la cava apuesta por etiquetas confiables y con capacidad comprobada de maridaje.

Nicos

Ciudad de México

Nicos ha sido, desde hace décadas, una pieza clave en la historia del vino mexicano servido en mesa. Fundado en 1967, el restaurante apostó tempranamente por una idea que hoy parece obvia, pero que entonces era diferente: acompañar la cocina mexicana con vino mexicano. Esa visión se ha traducido en una de las cartas más sólidas y respetadas del país, con alrededor de 130 etiquetas nacionales, como Mascarone de Proa de Casa Zamora, Lágrimas Rosé o Tres Raíces, cuidadosamente curadas por su equipo de sommeliers, René Rentería y Fernanda Gutiérrez Zamora, que representan regiones como Valle de Guadalupe, Querétaro y Coahuila. Reconocido de manera constante con el Award of Excellence de Wine Spectator y distinguido por su enfoque en vino mexicano, Nicos no sólo refleja la evolución del sector en 2025, sino que ha sido una plataforma fundamental para educar, visibilizar y normalizar el consumo de vino nacional en México.

Pangea

Monterrey

El vino nunca ha sido un complemento menor de la propuesta del restaurante Pangea, que hoy está alineada al dinamismo de una cocina que, además de un menú a la carta, tiene otro más de tres tiempos y una degustación de 10 tiempos (recomendable para darse una idea más completa de las regiones que su sommelier tiene en la mira). Bajita la mano, tienen unas 200 etiquetas, entre las que caben vinos de corte clásico (para consumidores habituales de Monterrey) y regiones que se ven poco en las cartas de este destino. O sea: sí a Burdeos, sí a La Rioja, sí a una buena champaña, pero también algo de regiones como Valpolicella en Italia, el Bierzo en España o Arteaga en México, sin perder el balance entre la relación calidad-precio.

Pujol

Ciudad de México

En Pujol, la carta de vinos está pensada con la misma precisión que el menú degustación. No es un complemento, sino una estructura paralela que acompaña y sostiene el ritmo de la experiencia. Bajo la dirección de Marianna Ramírez, la selección se construye con un criterio claro: cada vino debe dialogar con una etapa específica del menú, desde los matices más delicados de pescados y vegetales hasta la profundidad y complejidad del mole.

La carta se distingue por su amplitud y por un equilibrio bien calibrado entre grandes referencias del Viejo Mundo y expresiones más contemporáneas, incluyendo etiquetas locales cuidadosamente elegidas. No se trata de ostentar nombres, sino de encontrar perfiles que amplifiquen el discurso de la cocina.

A esto se suma un interés constante por ofrecer vinos poco comunes en la escena local: producciones limitadas, lotes exclusivos y botellas con una historia propia.

Quintonil

Ciudad de México

La propuesta de vino en este laureado restaurante gira en sincronicidad con la cocina: la selección del vino cambia y se adapta de acuerdo con el menú vigente. En esa línea, la visión se organiza en tres ejes principales. Primero, una apuesta por el vino mexicano; segundo, una exploración global que integra regiones clásicas con zonas emergentes, con lo que puedes encontrar vinos que se producen en China, Líbano o Grecia, y tercero, una categoría reservada para esos vinos que el sommelier considera de “terroir y rarezas”, en la que caben producciones limitadas y vinos con una identidad de suelo muy marcada. El objetivo central del restaurante es ofrecer cierta apertura a partir de maridajes con los que incluso opciones menos convencionales, como los vinos de Jerez o variedades blancas específicas, encuentran un espacio para acompañar la propuesta de cocina contemporánea que ha dado a conocer a este restaurante.

Rayuela Bodega de Vinos

Guadalajara

La mente maestra es Guillermo Ornelas, sommelier y apasionado del vino que desde 2016, cuando abrió este espacio en la colonia Moderna, no para de sumar etiquetas de pequeños productores con poca o nula intervención, de lugares tan distantes como Italia, Francia, España, Alemania, Grecia, Austria, Serbia y Georgia.

Principalmente, en su cava hay vino del Viejo Mundo y ancestral, más algunas etiquetas de Argentina, Estados Unidos y México. Muchas de estas propuestas llegan gracias a Vini Incredibile, una importadora enfocada en la agricultura biológica del norte de Italia, Sicilia y Eslovenia, que arrancó junto a José Dávila y Luigi Sasso, y que busca ofrecer una mancuerna perfecta con la cocina del mundo que sirve Rayuela.

“Los estilos de vino siempre han ido cambiando, principalmente los del Viejo Mundo –comenta Guillermo–. Es lo que más gusta. Y ahora crece el foco en la selección por la que apostamos desde el inicio, esos vinos vivos que te transmiten la esencia de un lugar en específico. Además, veo en el vino blanco una oportunidad muy interesante por su versatilidad con la cocina mexicana”.

Ristorante Romina

Ciudad de México

Desde su apertura en 2010, Romina se ha convertido en uno de los spots italianos más auténticos en Ciudad de México, especializado en pasta fresca y recetas caseras. Los hermanos Mario y Diego Magaña se encargan de mantenerse apegados a la tradición, alejados de cualquier fusión confusa en la cocina, pero también con una selección de vino que toma casi el mismo protagonismo.

En la cava, reconocida por Wine Spectator, han reunido más de 300 etiquetas que destacan las 20 regiones vinícolas italianas, entre las que destacan la Toscana y el Piamonte.

Rosetta

Ciudad de México

Pocos restaurantes han puesto en el mapa la nueva cocina mexicana como Rosetta y quizá no haya mejor personaje que Elena Reygadas para retratar esa transformación a nuevos estándares de excelencia. Hablamos de una propuesta íntegramente enfocada en el producto, al servir lo mejor que la temporada y la tierra circundante tienen para dar. El vino es una parte fundamental de esa filosofía. Todo lo que llena las copas en Rosetta es vino natural, para evitar la intervención de factores ajenos a la personalidad de la uva y el terruño, y que justamente se puedan percibir las verdaderas cualidades del producto.

El encargado de extender esta coherencia hasta la cava es el sommelier Luis Sánchez. No es una misión menor. Así como Elena cambia la carta constantemente, dependiendo de la estación, Luis lo hace con los vinos. El desafío es doble cuando se trata de convencer al comensal de probar una etiqueta con estas características. Los vinos naturales siguen teniendo preconcepciones que, en una primera instancia, hacen que muchos pierdan el interés por probarlos. Luis ha sabido contrarrestar la resistencia con una selección que sirve como introducción para quienes no estén familiarizados con estos métodos, y que también puede sorprender a los más conocedores.

Y es que, además de liderar el restaurante junto con su hermano, Mario es un sommelier embajador del vino italiano. Él mismo viaja todos los años para visitar bodegas familiares, como Antonutti o Tommasi, que se han dedicado a trabajar durante años con las uvas autóctonas de Italia.

Sud 777

Ciudad de México

La cocina del chef Edgar Núñez se complementa con un programa de vino compuesto por alrededor de 700 etiquetas. La espina dorsal de esa extensa selección, reconocida por la Star Wine List, con vinos de las mejores regiones y bodegas del mundo, son las etiquetas mexicanas. De hecho, los más de 12 tiempos del menú de degustación que cambia a diario suelen estar emparejados con vino de bodegas mexicanas, como Vena Cava, Casa Anza o Vinícola Santa Elena.

next