La “fórmula de conservación” de Akampa

Akampa es una revolucionaria iniciativa mexicana que ha encontrado la manera de viajar con un alcance real.

30 Jul 2026

En un momento en que el turismo parece debatirse entre lo aspiracional y lo responsable hay proyectos que intentan hacer ambas cosas bien. Uno de ellos es Akampa, una iniciativa que propone algo bastante claro: viajar increíble, pero con un alcance real.

Detrás está Gerardo Adame, cofundador y director general, quien, junto con sus socios, decidió construir un modelo en el cual la conservación no es discurso, sino la consecuencia directa del negocio. Con la misma visión que combina exploración, operación en campo y estrategia para crear experiencias que funcionen tanto para el viajero como para las comunidades locales, Akampa es el resultado de un grupo que entiende tanto la logística del outdoor como el valor de los ecosistemas en los que trabajan.

Su enfoque parte de una lógica sencilla: si las comunidades locales ganan más protegiendo sus ecosistemas que explotándolos, entonces la conservación se vuelve sostenible a largo plazo.

Akampa lleva cinco años operando de acuerdo con esa premisa. Su formato incluye expediciones de cuatro días en algunos de los lugares más remotos y biodiversos de México, donde el viajero no sólo observa, sino que se integra de forma consciente al entorno. Cada experiencia está diseñada para crear empleos locales, capacitar equipos en el sitio y generar una derrama económica directa en las comunidades que resguardan esos territorios.

Hoy operan tres campamentos principales: Bahía Magdalena Ocean Camp y La Ventana Expedition Camp, ambos en Baja California Sur, y Yucatán Jungle Safari, en Yucatán. Cada uno responde a un ecosistema distinto: marino, costero o selvático, pero comparten la misma estructura: experiencias inmersivas, grupos pequeños y una operación pensada para minimizar el impacto ambiental.

El modelo se sostiene en lo que ellos llaman una “fórmula de conservación”: viajar trae ingresos para la comunidad, lo que incentiva la protección del entorno; un entorno sano mejora la experiencia del viajero y esa experiencia atrae a más personas, cerrando así el ciclo. Pero más allá de la estructura, lo que realmente ha posicionado a Akampa es cómo aterrizan esa idea en experiencias concretas. Y ahí entra su colaboración más reciente con The North Face.

Akampa por The North Face

La alianza no es meramente estética. Todo el equipo opera con un gear especializado de la marca, además de que desarrollaron juntos un campamento completo: La Ventana Expedition Camp, un proyecto que lleva la experiencia a un nivel más técnico, más móvil y mucho más conectado con la exploración real.

Su nueva propuesta, Mobulas & Megafauna Safari, sucede en la costa cercana a La Paz, donde entre abril y junio ocurre uno de los fenómenos naturales más impresionantes del Pacífico: la congregación de móbulas. Miles de estas mantarrayas se agrupan en la superficie del mar, saltando y deslizándose en sincronía, lo que es un espectáculo difícil de replicar en otro lugar del mundo.

La experiencia dura cuatro días y combina glamping con expediciones marinas. El punto de partida es La Paz, desde donde el grupo se traslada a La Ventana. Ahí comienza una dinámica que mezcla hiking, clases de biología marina, fogatas nocturnas y, sobre todo, salidas en lancha para hacer ocean safaris en busca de móbulas, pero también de otras especies, como ballenas o delfines.

Uno de los momentos clave es la visita a la isla Cerralvo, donde el ritmo baja y la experiencia se vuelve más contemplativa: comer en la playa, nadar, observar. No hay prisa. Todo se ajusta a las condiciones del mar y del clima, lo que refuerza una idea importante: aquí la naturaleza marca la agenda.

El alojamiento también responde a esa lógica. No hay hoteles ni estructuras permanentes. Se duerme en casas de campaña de alto rendimiento (desarrolladas por The North Face), equipadas con camas y todo lo necesario para mantener la comodidad sin alterar el entorno.

Detrás de cada salida hay un equipo muy completo: guías, capitanes, cocineros y biólogos que no sólo acompañan la experiencia, sino que aportan el contexto, porque parte del proyecto incluye educar y entender qué estás viendo, por qué es importante y qué implica conservarlo.

Ese componente educativo es clave. Akampa no sólo vende viajes, construye conciencia. Trabajan de acuerdo con principios de mínimo impacto, reducen su huella ambiental y, en algunos casos, integran la observación y el registro de especies, lo que acerca al viajero a una experiencia más informada.

Para Gerardo y sus socios, el reto ha sido mantener ese equilibrio entre crecimiento y propósito. Expandirse sin perder el control, escalar sin comprometer la experiencia ni el alcance. Y hasta ahora lo han logrado al construir de forma gradual: pocos destinos, pero bien ejecutados.

Lo interesante es que, sin buscarlo demasiado, Akampa también ha abierto una conversación más amplia sobre cómo viajar en México. En un país con una biodiversidad enorme, y al mismo tiempo con una presión constante sobre sus ecosistemas, este tipo de proyectos plantea otra forma de hacer turismo: más consciente y, sobre todo, más conectada con las comunidades que hacen posible la experiencia. Al final, lo que proponen es más que un viaje. Es una forma distinta de estar en un lugar, y eso, hoy, ya es bastante.

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