Como la espontaneidad era algo ajeno a su mundo, los protagonistas de sus historias sabían que estaban siendo fotografiados. Posaban todos, desde prostitutas danzantes, trasnochadores de café y hasta trabajadores nocturnos (de obras de construcción. Aunque tampoco alteraba la realidad. Simplemente prefería los escenarios pensados, estables y nítidos. Hay quien asegura que Brassaï fue el auténtico pintor de la vida parisina. Y al igual que Goya o Rembrandt, supo darle un carácter único y universal a personas que llevaban una vida “ordinaria”.