Por qué las hojas cambian de color en otoño (y por qué no sucede en todos lados)

¿Qué provoca este fenómeno natural que mueve a viajeros de todo el mundo durante estos meses?

05 Nov 2026

Un bosque de Nueva Inglaterra, un jardín japonés y una avenida londinense pueden ofrecer tres versiones muy diferentes del otoño. En uno conviven rojos, naranjas y amarillos, en otro, las hojas doradas cubren las banquetas. Mientras tanto, en muchas regiones tropicales, octubre y noviembre transcurren sin una transformación comparable.

La diferencia depende de las especies que crecen en cada lugar, de la duración del día y de condiciones como la temperatura y la disponibilidad de agua. Por eso, aunque solemos asociar el follaje otoñal con determinados países, la explicación está en sus ecosistemas: dentro de un mismo territorio pueden convivir paisajes que cambian de color y otros que permanecen verdes.

Qué pasa dentro de una hoja

Durante la primavera y el verano, el verde domina gracias a la clorofila, el pigmento que permite a las plantas aprovechar la luz para realizar la fotosíntesis. En muchos árboles caducifolios (aquellos que pierden sus hojas estacionalmente), el acortamiento de los días activa la preparación para el invierno. La clorofila se degrada y deja de ocultar otros pigmentos presentes en las hojas. Así aparecen los amarillos y naranjas asociados con los carotenoides.

Los rojos y púrpuras tienen una historia diferente. En muchas especies, se deben a las antocianinas que las hojas producen durante esta etapa. Es decir, parte de la paleta otoñal estaba escondida bajo el verde y otra parte se fabrica antes de que la hoja caiga. Incluso un mismo árbol puede mostrar varios tonos, según la exposición al sol de sus ramas y las características de cada hoja.

Estados Unidos y Canadá

Los paisajes otoñales del este de Norteamérica destacan por la combinación de especies capaces de producir diferentes colores. Los arces, por ejemplo, pueden aportar amarillos, naranjas y rojos, con variaciones incluso entre individuos de una misma especie. 

También interviene el tiempo atmosférico. Los días soleados y las noches frescas, sin heladas intensas, pueden favorecer una coloración roja más marcada. Una sequía severa, en cambio, puede provocar que las hojas caigan antes de ofrecer un despliegue prolongado.

La abundancia de rojos en el este norteamericano, frente a su menor presencia en muchos bosques europeos, también ha motivado investigaciones. Un estudio publicado en 2019 propuso que las diferencias regionales de radiación solar y temperatura ayudan a explicar esa distribución, vinculada con la función protectora de las antocianinas.

Japón

En Japón, el arce japonés es uno de los protagonistas del paisaje otoñal, con hojas que pueden pasar del verde a tonos rojos, amarillos e incluso púrpuras. Pero el espectáculo tiene distintos tiempos según la región. En las montañas de Hokkaido, al norte del país, los primeros cambios pueden aparecer desde septiembre, después, el color avanza hacia el sur y las zonas más bajas.

La Asociación Meteorológica de Japón señala que el follaje puede disfrutarse hasta diciembre en algunas zonas entre Kanto y Kyushu.

Europa

En muchos paisajes europeos, los amarillos y cobres tienen una presencia importante, aunque los rojos también forman parte de la temporada. La mezcla concreta depende de los árboles del lugar.

En Kew Gardens, Londres, por ejemplo, los robles aportan color otoñal, mientras que los cipreses de los pantanos pueden adquirir tonos cobrizos y dorados. Estos últimos recuerdan que también existen coníferas que pierden sus hojas.

El clima de cada año modifica el resultado. Según Kew, un otoño templado y húmedo puede volver más lento y desigual el proceso: algunos árboles cambian antes que otros y ciertas hojas llegan al café sin producir una exhibición tan intensa.

México

La diversidad de ecosistemas de México impide hablar de un solo comportamiento estacional. Una selva húmeda y una selva seca responden a condiciones diferentes, y la caída de hojas no siempre está relacionada con la llegada del frío.

En las selvas secas, también llamadas bosques tropicales caducifolios, numerosos árboles pierden sus hojas durante la temporada de sequía. La disponibilidad de agua marca ese cambio del paisaje. En las selvas húmedas perennifolias, en cambio, la vegetación conserva una cobertura predominantemente verde.

Por eso, un paisaje mexicano que se queda sin hojas no necesariamente está viviendo el mismo proceso estacional que un bosque de Vermont.

Por qué algunos árboles permanecen verdes

Los árboles perennifolios también renuevan sus hojas, pero no pierden todo su follaje al mismo tiempo. En muchas coníferas, las hojas más viejas amarillean y caen mientras las nuevas mantienen verde la copa. Existen excepciones, como los alerces, que cambian de color y pierden sus acículas cada otoño.

Así que, para viajar en busca de follaje otoñal, conviene mirar la región, la vegetación y el avance de la temporada. Las fechas habituales sirven como orientación, pero la intensidad y duración del color dependen también de la lluvia, las temperaturas y el viento.

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