La relación de Johny con su bici empezó cuando era niño y con los años se convirtió en una carrera profesional que lo ha llevado a las competencias internacionales más importantes de la disciplina. En 2019 se convirtió en el primer mexicano en clasificar al Red Bull Rampage, una de las citas más extremas del ciclismo de montaña mundial, e incluso fundó el evento insignia del deporte en Guadalajara: Freeride Fiesta.
Pero quizá lo más interesante de la vida de Johny no está sólo en las competencias. Su carrera lo ha convertido en un viajero permanente. Lleva unos ocho años viajando por el mundo, la mayoría de las veces con la bicicleta a cuestas. Cuando lo decimos, es literal: su equipaje habitual incluye una bicicleta, casco, ropa de ciclismo y todo tipo de refacciones. Viajar ligero simplemente no es una opción para deportistas como él.

Sin embargo, cuando va sin bici, la historia cambia. Una mochila es suficiente. “Los hombres somos muy sencillos”, bromea. Su fórmula incluye unos shorts, unos pantalones, un traje de baño, un par de zapatos, algunas camisetas y una hoodie. Cuando se trata de viajar, para Johny la logística pasa a un segundo plano. Se preocupa más por explorar y conocer nuevas culturas, a otros viajeros y, sobre todo, conocer un poco más de sí mismo.
Los destinos en África siempre lo han marcado. Cada año viaja a Cape Town por un evento y suele aprovechar para extender el viaje y conocer algún otro rincón del continente. Ha estado en Zambia, distintas partes de Sudáfrica y Madagascar. Este año tiene Namibia en la mira.
También están esos destinos que llegan por sorpresa. En 2020 viajó por trabajo a Chile sin demasiadas ganas, en plena época del Covid. Terminó enamorándose tanto del país que desde entonces ha regresado en otras ocho ocasiones. Conoció parte de la Patagonia, Pucón, Temuco, Santiago y Antofagasta, que desde entonces es de sus destinos favoritos para la bici.

Si hay algo que define su manera de viajar, es que no sabe quedarse quieto. Un lugar puede tener paisajes increíbles, pero necesita algo más: gente con buena vibra y algo que hacer. Bicicleta, algún deporte, una actividad al aire libre. Sentarse durante horas en un café no es precisamente su idea de vacaciones.
“Yo no puedo estar sin hacer nada”, cuenta. Quizá por eso uno de sus lugares favoritos en el mundo es Whistler, en Canadá. Ahí encuentra prácticamente todo lo que busca: ciclismo, amigos, buena comida, fiesta y una enorme cantidad de actividades outdoor.
Su manera de descubrir cada lugar también requiere compañía. Rara vez llega del todo en cero; por lo general tiene un plan o conoce a alguien. Después de tantos años viajando, tiene amigos prácticamente por todos lados. Aunque aún le queda pendiente hacer ese viaje por completo solo, sin contactos y sin itinerario, tan sólo para ver qué sucede.
Cuando se trata de aeropuertos, la experiencia es otra historia. En 2025 tomó 70 vuelos, pasó por 28 aeropuertos, recorrió alrededor de 156,000 kilómetros y acumuló más de 10 días de tiempo de vuelo. Incluso tiene una aplicación que registra cada movimiento. Ese año, el aeropuerto de Guadalajara aparece 43 veces en su historial y el de Ciudad de México unas 26.

La bicicleta, por supuesto, complica un poco más la operación. Es equipaje especial, ocupa muchísimo espacio y puede implicar cargos importantes dependiendo de la aerolínea y del estatus del viajero. Johny ya tiene sus propios trucos para protegerla y conseguir que llegue completa. También ha aprendido a viajar con cierta filosofía: si toca pagar, se paga y se sigue adelante. “Nadie me va a quitar mi paz”, dice.
Pedalear por lugares tan diferentes le ha permitido entender que el mundo puede ser enorme y diminuto al mismo tiempo. Que una persona puede llevarte a otra, y esa a otra, hasta terminar conectado con alguien al otro lado del planeta. También le ha enseñado qué existe mucho más allá de la burbuja en la que uno crece.
