Pátzcuaro ocupa un lugar especial en el imaginario del Día de Muertos: las velas junto al lago, las flores sobre las tumbas y las noches dedicadas a acompañar a los difuntos explican por qué tantos viajeros llegan a Michoacán en estas fechas. Pero el mapa de la celebración se extiende mucho más allá.
En el sur de la Ciudad de México, la temporada permite acercarse a las comunidades que cultivan el cempasúchil. En las Huastecas hidalguense y potosina, el regreso de las ánimas se recibe con música, máscaras y baile. Y en un pueblo de Campeche, recordar a los muertos implica cuidar sus restos con una delicadeza que se transmite entre generaciones. Tres viajes para conocer las distintas formas que toma la memoria en México.

Xochimilco y sus chinampas
Antes de llegar a las ofrendas, buena parte del cempasúchil de la capital crece en Xochimilco. Acercarse a sus zonas de producción durante octubre permite conocer el trabajo de las familias floricultoras y comprar directamente a quienes sostienen esta actividad. San Luis Tlaxialtemalco y los mercados de plantas de la alcaldía son puntos para explorar esa relación entre el calendario agrícola y la celebración.
El viaje puede continuar por los canales. Durante la temporada hay recorridos nocturnos en trajinera que permiten ver las ofrendas instaladas en las chinampas, mientras que distintos embarcaderos presentan montajes inspirados en La Llorona.

La Huasteca hidalguense y potosina
En la Huasteca, el Día de Muertos toma el nombre de Xantolo. Las ofrendas, la música y las danzas acompañan el regreso de los muertos, con expresiones que cambian de una comunidad a otra. Las máscaras y los personajes de las comparsas son parte central de una celebración en la que recordar también significa reunirse y bailar.
En Hidalgo, Huejutla de Reyes es un punto de partida para acercarse a la fiesta. Los altares reúnen caña, albahaca, cempasúchil y copal, mientras las cuadrillas de disfrazados ocupan un lugar importante en el programa público. Para 2026, las actividades principales están anunciadas del 30 de octubre al 2 de noviembre e incluyen encuentros de cuadrillas, fandangos y demostraciones de altares.

Pomuch, Campeche
En Pomuch, en el municipio de Hecelchakán, la relación con los muertos se expresa mediante la limpieza anual de sus huesos. Durante octubre, las familias retiran con cuidado el polvo de los restos que descansan y cambian el paño que los acompaña. La práctica forma parte de un ciclo funerario que continúa mucho después del entierro.
Los huesos se resguardan en cajas de madera, protegidos por lienzos que pueden llevar flores bordadas y el nombre de la persona fallecida. Este cuidado acompaña los preparativos del Janal Pixán, la “comida de las ánimas”, que se celebra del 31 de octubre al 2 de noviembre.
Visitar Pomuch exige sensibilidad. El cementerio es un espacio de encuentro familiar, así que conviene preguntar antes de acercarse a una limpieza o tomar fotografías, y aceptar que algunas personas prefieran vivir ese momento en privado. La experiencia merece recorrerse al ritmo de quienes mantienen la tradición.