Con el tiempo en la maleta: guía de un coleccionista de relojes para recorrer el mundo

Platicamos con Héctor López, especialista en venta, reparación y restauración de relojes vintage, quien nos dio recomendaciones esenciales para cuidar tu reloj mientras viajas y nos dijo cuáles son los mejores destinos para encontrar modelos codiciados

16 Oct 2026

Mientras que algunos podríamos ir a Japón atraídos por su cultura o a Italia por su cocina, hay un nicho muy específico de viajeros que van hasta allá en búsqueda de modelos de alta relojería que quizá estuvieron de moda hace 40 o 50 años y ahora son extremadamente difíciles de encontrar. Así es como los coleccionistas de relojes vintage han ido formándose mapas muy específicos y maneras tan diferentes de entender sus destinos.

Lógicamente, la dificultad de cada hallazgo tiene una relación directa con su grado de deseo. El tiempo les pasa factura a todas estas joyas, que ya en su momento eran piezas limitadísimas y que ahora, en condiciones óptimas, se han convertido en auténticas agujas en un pajar.

Encontrarlos es un trabajo de tiempo completo. Requiere saber lo suficiente como para reconocer un tesoro venido a menos por el tiempo, pero quizá todavía rescatable con algo de trabajo. O, lo que es aún más difícil, aceptar una causa perdida que años de malos cuidados han dejado insalvable.

Héctor López lleva más de una década dedicándose a esta labor, que a veces parece casi una forma de arqueología moderna, pero que para él es algo más cercano a la psicología. “La mayoría de las veces, el trabajo consiste en aconsejar –nos cuenta en una llamada–. No se trata de comprar cualquier reloj, sino de encontrar uno que vaya con cada personalidad y que, sobre todo, se adapte a un estilo de vida”.

Como especialista en venta, reparación y restauración de relojes vintage, sabe que encontrar ese balance es mucho más complicado de lo que parece a la distancia. “Siempre pregunto ciertas cosas más allá de las marcas favoritas o el estilo –añade Héctor–. Me interesa más saber cómo es el día a día de cada coleccionista, porque sólo así puedo darle la mejor recomendación”.


Los relojes ideales para un viajero

  • Rolex GMT Master
  • Breitling

Una marca para entrarle

  • Seiko

El que todos buscan

  • Rolex deportivo en acero

El de moda

  • Cartier Tank

Si es deportista, si viste formal la mayor parte de la semana, si es un coleccionista muy clavado o si apenas comienza, todas son consideraciones que van dictando el rumbo de una búsqueda que puede terminar muy lejos de donde empezó. No sólo geográficamente, pero con un reloj distinto al considerado al principio, mucho más ad hoc para quien lo llevará en la muñeca, tomando en cuenta todo lo anterior.

El viajero coleccionista

Una de las consideraciones habituales tiene que ver con los hábitos viajeros de cada coleccionista. Su frecuencia, los destinos y las actividades que suele hacer cuando está fuera. No es lo mismo viajar por negocios que ir a bucear, ni hacerlo una vez al año que una vez por semana.

Los features correctos pueden marcar la diferencia entre llevar una herramienta que solucione la vida en medio del viaje o estar cargando con una preocupación más que requiere cuidado extra. Por eso hay un tipo de reloj para cada viajero, y para cada viaje.

Eso sí, de acuerdo con Héctor, hay un componente que no puede faltar entre aquellos que suelen viajar con frecuencia: una complicación GMT. “Es una de mis funciones favoritas porque es muy práctica para quienes la necesitan”, señala.

Se trata de un mecanismo que permite mostrar una segunda zona horaria al mismo tiempo. Algo a lo que quizá la era de los relojes digitales y los smartphones nos tienen acostumbrados, pero que en un reloj mecánico implica una auténtica obra de arte a base de diminutos engranes.

En realidad, los relojes GMT originalmente fueron fabricados para pilotos. Cuando la aviación empezó a realizar el milagro de cruzar zonas horarias en serie, con vuelos interoceánicos entre continentes, se volvió necesario que quien iba a bordo no perdiera el rastro del tiempo. Entonces fue el turno de la alta relojería para obrar su propio prodigio: una complicación mecánica que pudiera registrar dos horarios al mismo tiempo sin alterar su funcionamiento general.

A mediados de la década de los cincuenta salieron al mercado los primeros modelos que integraban esta innovación mecánica. Como el Rolex-GMT Master, lanzado en 1955 por un encargo de la antigua aerolínea Pan Am. Un modelo histórico que resiste los años, manteniéndose en el catálogo de la relojera y que, según Héctor, siempre es de los más codiciados por coleccionistas que precisamente viajan con frecuencia.

Otro aspecto importante durante el trajín de un viaje es el material del reloj. No tiene que ser muy pesado ni de un material muy delicado. Lo suficiente cómodo como para seguir el movimiento que implica cualquier viaje, pero resistente. Héctor recomienda modelos de acero inoxidable o titanio sobre los metales preciosos al momento de hacer las maletas.

“La mayoría de la gente no sabe que en la mayoría de los aeropuertos no es necesario quitarse el reloj para pasar el filtro de seguridad”, asegura, insistiendo en que es mejor no hacerlo porque es uno de los momentos en que más comúnmente se dañan o incluso se pierden los relojes.

Los saunas son otra de las grandes amenazas que ha detectado. “Por alguna razón se puso de moda entrar con reloj, pero no hay nada peor para el mecanismo que la humedad”, comenta. También insiste en evitar meterlo al agua, a menos que estes seguro de que se trata de un modelo de buceo moderno con la corona firmemente enroscada, algo que no es muy común entre los relojes más antiguos.

Las muchas vidas de un coleccionista

Ingresar al mundo de la alta relojería puede resultar abrumador. La inmensidad de marcas, complicaciones técnicas y rangos de precio desorienta a cualquiera. Héctor dice que, de hecho, él nunca deja de aprender. “La base de todo viene de hace 300 años –apunta–, pero la alta relojería siempre se supera a sí misma con nuevos mecanismos, mejores materiales y técnicas”. La diferencia entre un gran hallazgo y un gran desperdicio de dinero precisamente la marca el conocimiento especializado.

Héctor entró en este universo como un aficionado más, por medio de libros y videos de YouTube, pero titubeaba ante los riesgos de entregarse a tal o cual ejemplar sin saber realmente de qué iba la cosa, con las preguntas obvias que a todos nos vienen a la mente: ¿cómo saber si algo en verdad vale lo que vale?, ¿qué indicios buscar?, ¿cómo reconocer una baratija de una auténtica joya?

La mayoría de las respuestas las ha encontrado yendo a buscar a la base de todo este universo. “La mejor escuela han sido los relojeros –asegura–. Pasar por los talleres y platicar con ellos, preguntar y llegar con curiosidad”.

Así ha ido aplanando una complicada curva de aprendizaje que hoy lo hacen un experto en la materia. Después de más de una década de experiencia, piensa que, por ejemplo, es mejor apuntar a la calidad sobre la cantidad. Quizá no apostar por la colección más grande, pero sí por la que esté en mejor estado y tenga los mejores modelos.

También ha aprendido a reconocer las tendencias como las olas que son y saber si vale la pena subirse. Estos patrones suelen ser una montaña rusa rocambolesca, a veces sin mucho sentido ni explicación. “Los últimos años, la tendencia es que se reducen los tamaños –observa Héctor–. Son más sutiles, más compactos. Como el Tank de Cartier”.

Acepta que a veces ve venir ciertos booms, sobre todo aquellos motivados por algún fenómeno cultural, el cine o la televisión. “No sabes cuánta gente me escribe buscando un Omega siempre que sale una nueva película de James Bond”, dice entre risas, añadiendo que los relojes de la marca suelen ser los favoritos del super espía.

Sin embargo, la mayoría de las veces las modas explotan de golpe, son impredecibles. Ahí es cuando hay que empezar a moverse y salir a buscar relojes muy específicos a sitios muy específicos.

El mapa de la relojería

Héctor cuenta que hay un mapa más o menos claro que puede servir a la hora de salir a la caza de algún encargo imposible. En principio tiene claro cuál suele ser la mejor parte del mundo para encontrar modelos vintage en buenas condiciones.

“Tokio es el sueño de todos a los que nos gusta esto –dice–. Es un gran destino relojero. El coleccionista japonés es sumamente cuidadoso, le da servicio constantemente a las piezas. Cuando vas a comprar allá, encuentras tiendas que desde los años cincuenta y sesenta sólo te venden una marca y se especializan en eso”.

Incluye a Milán, como capital mundial del estilo y su capacidad para marcar modas; a París y Londres como núcleos culturales donde todo se puede encontrar. Sin embargo, insiste en que casi todas las grandes cuidades son buenos sitios para buscar si uno sabe cómo y dónde hacerlo: “En el centro de cualquier capital siempre hay una relojería antigua; ahí llegas, preguntas y seguro encuentras una joya”.

Es un hábito que, de hecho, ha añadido a sus propios itinerarios de viaje. Hacerse tiempo para encontrar un local de mucha tradición en su destino, pasar por ahí, hablar con el relojero. Tampoco pierde la oportunidad de ir a los mercados de antigüedades, donde acepta que es más difícil, pero nunca se sabe. El próximo gran hallazgo siempre está a un paso.

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